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El sector agrario planta cara a la recesión a pesar del abandono de la Administración
15 de marzo de 2010
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En: EXPANSION, Nacional
encuentro de expertos/ Profesionales y asociaciones coinciden en los retos del campo español y siembran su futuro en la internacionalización, la I+D+i y un enfoque de mercado, en contra del tradicional interés por la producción.
G. E. Madrid
El sector de la agricultura española está sembrando su futuro en torno a la reconversión, aunque todavía confía en su carácter primario.
Por un lado, por el papel de la agricultura como garante del suministro alimentario; por otro lado, porque se ha convertido en productora de nuevas fuentes de energía renovable como alternativa al petróleo. Además, es una fuente de desarrollo, empleo y riqueza en las zonas rurales.
En este entorno, no es fácil hacer una reflexión precisa acerca del futuro de la producción agrícola, tarea que se han propuesto los expertos reunidos en el VI Encuentro de la cadena agroalimentaria, organizado por EXPANSIÓN, con el patrocinio del Instituto Internacional San Telmo y Ernst & Young. "Somos un sector atomizado, con un millón de explotaciones y 300.000 dados de alta en la Seguridad Social. Muchas plantaciones pequeñas se mantienen porque es agricultura a tiempo parcial. También tenemos agricultura de cooperativas, que hoy en día es un mecanismo empresarial que el sector industrial del vino y el aceite utilizan para almacenar", explica Pedro Barato, presidente de Asaja (Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores).
En este sentido, "la dimensión de las empresas españolas es insuficiente para competir y tienen escasa internacionalización. Tampoco tienen mucha orientación al mercado y han estado muy centradas en la producción, dejando de lado la comercialización. No se han preguntado qué es lo que el mercado demanda", afirma José Antonio Boccherini, profesor del Instituto Internacional San Telmo.
Junto a estos problemas coyunturales, otros profesionales del sector denuncian un abandono por parte de las administraciones públicas. "Llevamos muchos años sin oír a los políticos hablar de la agricultura y es un factor clave en el país. Tampoco nos gusta hablar de subvenciones, porque el agricultor quiere vivir de lo que produce", dice Ricardo Menoyo, managing director de Agroatlas Europe. Esta compañía produce tomates cherry en Agadir (Marruecos) y distribuye la producción a través de sus instalaciones en Almería.
A pesar de este abandono institucional, el sector está intentando superar las barreras tradicionales por iniciativa propia. "La agricultura es un mercado que se está globalizando mucho, donde los costes de la logística, que hace poco tiempo eran una barrera, ya no son un obstáculo", afirma José Luis Ruiz, socio director general de Mercados de Ernst & Young, que añade que "tenemos un problema de competitividad: a igualdad de costes, los precios no son competitivos".
En este sentido, "el sector de la agricultura sufre un problema estructural: hay un desequilibrio entre el millón de agricultores y cinco o seis distribuidores que toman las decisiones sobre los precios", afirma José Gandía, director general de Sat Royal, firma de frutales con hueso. "En España, los supermercados bajan los precios para vender más y hacer frente a la crisis, mientras que el agricultor está desesperado porque ve cómo sus márgenes se reducen", añade Gandía.
El problema de los precios es una eterna lucha del campo español que se ha sobredimensionado con la recesión. "Del precio final de un producto, el agricultor se queda un 34%; la logística comercial, un 41%; y la tienda que lo pone en la calle, un 25%. ¿Por qué la logística se queda tanto?", se pregunta Menoyo.
Precios
Los expertos reunidos en el encuentro apuntan que, si este margen del 34% se reduce cada vez más porque las superficies bajan los precios, los agricultores sufren un doble estrangulamiento. "Estamos viendo que con la crisis se ha perdido la única ley que quedaba para la agricultura: la de la oferta y la demanda. Pero no podemos perder la ilusión y la motivación", dice Atanasio Naranjo, director general de Tany Nature, empresa de origen extremeño especializada en fruta de hueso que lleva tres años en Portugal y dos en Marruecos.
Esta realidad afecta de lleno a las aspiraciones del sector. "Tenemos buenos ejemplos de empresas dinámicas y emprendedores pero, al final, o hay rentabilidad o nada. Un ejemplo son las exportaciones: hay una merma de nuestra capacidad de vender fuera porque en Europa no se está haciendo nada y las potencias emergentes se están preparando para hacerse con el mercado", afirma Barato.
Frente a este problema de competitividad, los profesionales apuntaron una posible solución: las inversiones en I+D+i y su inmediata consecuencia, la biotecnología. "La agricultura es una biotecnología desde hace 10.000 años. Sin embargo, existe una suerte de dificultades para aplicar nuevas tecnologías a la producción. Hay que invertir más en bioteconología, no sólo para desarrollar nuevos productos, sino para dejar de comprarlos al extranjero", apunta Francisco García, catedrático de Biotecnología de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de la Universidad Politécnica de Madrid. "La I+D+i nos va a aportar opciones para afrontar los cambios que sufre la agricultura. Las empresas ya están trabajando con proyectos vinculados al sector productivo. Sin embargo, la estrategia que debería aplicarse es fácil: hacer un mapeo de cuáles son los problemas urgentes y solucionarlo de manera conjunta", opina Carlos Malpica, director comercial de Biópolis, compañía dedicada a la transformación de vegetales.
Energía
La energía es otro aspecto que está modificando el campo y que prometía ser una salida para los agricultores. "Cuando la UE estableció las políticas de biocombustibles, el sector pensó que había una oportunidad de futuro, que se iba a convertir en reactivador del campo. Sin embargo, los representantes europeos nos volvieron la espalda y pensaron en importar materia prima o combustible a otros países", lamenta García. "El rol de las Administraciones Públicas es importante, pero hay un gran problema de planificación a largo plazo y de coordinación entre la Unión Europea, España y las autonomías", explica Ruiz.
Además, el sistema de ayudas a la producción parece estar amenazado a partir del año 2013. Todas las previsiones indican que no habrá vuelta atrás y que la bajada de los niveles de protección a la producción interna comunitaria. Se habla, incluso, de una futura ruptura de la política agraria común.
Dejadez
A esta inseguridad, los expertos reunidos unen una dejadez por parte de la UE a la hora de comunicar al consumidor la importancia de los productos de la agricultura. "Europa tiene que promocionar tres hechos importantes: primero, que los alimentos que compras tienen que tener sabor; segundo, que estás adquiriendo salud; y, tercero, que hay un valor rural que mantener que forma parte de nuestra sociedad", subraya Gandía.
En todo caso, en el encuentro, hubo consenso en que "si pensamos a diez o quince años, el sector agrario va a cambiar, queramos o no. En este contexto, tenemos la capacidad de poder estar en el papel protagonista, pero hay que ganarlo", concluye Antonio Villafuerte, profesor del Instituto Internacional San Telmo.

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