Acercar la agricultura vertical a Barcelona
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En: elmundo.es, Digital - 15/06/2017
El proyecto es, de alguna forma, una contrareacción a su vida anterior. Guillaume Teyssié venía de trabajar en grandes empresas durante un lustro. «Al final me cansé de este estilo de vida. Dejé mi trabajo para intentar desarrollar algo más pequeño, con impacto local, social y medioambiental», reflexiona. Este cambio radical le llevó a arrancar con su compañero, Loic Le Goueff, el proyecto Aquapioneers en el Green Fab Lab del Instituto de Arquitectura Avanzada de Catalunya -IAAC-. Una iniciativa que tiene sus raíces en la simbiosis entre especies y su fundamento en la sostenibilidad urbana.
El proyecto consta de diferentes partes. Su pequeña escala consiste en un kit: Ecosistema Aquaponics. Se trata de un proceso innovador llamado acuaponía y que combina un acuario y un huerto sin tierra en la que se cultivan hierbas y hortalizas durante todo el año. «Hemos empezado a pequeña escala con el kit pero el objetivo es desarrollar granjas urbanas de acuaponía», explica Teyssié. De hecho, la pasada semana el proyecto Aquapioneers abría una campaña de crowdfunding en la plataforma Ulule con un objetivo mínimo de 15.000 euros. Un dinero con el que pretenden amortizar el coste de producción de los kits y sacar adelante su investigación en el Green Fab Lab.
Para aclarar, la acuaponía es una técnica de agricultura urbana cuyo fundamento se encuentra en la simbiosis entre peces y plantas. Es un ciclo en el que, en un acuario los peces producen desechos. Estos son conducidos, gracias a la acción de una bomba de agua a un segundo compartimento superior, que es donde se encuentran las plantas. Aquí , tras ser procesados por unos microorganismos, se convierten en fertilizante para los pequeños vegetales que crecen sin tierra alguna, sólo sobre agua.
«Absorbiendo estos nutrientes, las plantas limpian el agua que vuelve a la pecera y se crea un ciclo cerrado. Podemos bombear ese agua hasta cien veces sin necesidad de cambiarla porque el mismo sistema funciona como un filtro. Es una relación simbiótica entre los peces y los microorganismos que conviven de forma natural porque el sistema se regula solo», expone Le Goueff que añade que es un modelo de autosuficiencia en el que se aplican principios de economía circular. Es decir, se convierte el residuo de una industria en una materia prima para otra.
El sistema es válido para el crecimiento de todo tipo de plantas: «pueden crecer hasta árboles frutales pero veo más difícil aplicarlo a vegetales que crecen debajo de la tierra, como patatas o zanahorias», asegura Le Goueff que reconoce que eminentemente cultivan plantas con un sistema de raíz poco profundo, es decir, diferentes tipos de lechugas y hierbas aromáticas. Sin embargo, resultaría más complicado hacer crecer una tomatera, por ejemplo. La gran ventaja es que, como la fuente del abono es biológica, tiene todos los requisitos que se establecen para la comida orgánica. «No se utilizan pesticidas, ni fertilizantes químicos», señala Le Goueff. Además, para aquellos que se pregunten cuál es su diferencia respecto a la agricultura urbana es que permite un ahorro de un 90% del agua.
Trasladado a gran escala, de lo que habla Le Goueff es de cómo traducir las prácticas de la acuicultura a un beneficio para la agricultura, aplicando este tipo de sistemas para acuaponía. El proyecto cuenta con un invernadero de aquaponia de 25 metros cuadrados que ayuda al crecimiento de la agricultura urbana en Barcelona. «Es como un invernadero experimental en el que aprendemos sobre acuaponía a gran escala», dice Teyssié. Es decir, el desarrollo del proyecto permitirá, además, acumular conocimiento a nivel técnico, biológico y de agronomía. En un espacio de coworking en Poblenou pretenden, en paralelo, que convivan la empresa y la granja como un sistema integrado: «tenemos una granja urbana mezclada con un ambiente de oficina».
Como la acuaponía permite cultivar hortalizas sin tierra, al final, el abono está diluido en el agua pero las plantas tienen sus raíces sobre un sustrato neutral para aguantar las raíces. De hecho, el agua circula dentro de este sustrato neutral, en donde la superficie de las plantas absorben los nutrientes. «El valor añadido es que la acuaponía permite el cultivo vertical. Lo que tiene mucho sentido en el contexto de la ciudad para desarrollar un nuevo tipo de agricultura», dice Le Goueff.
En otra de las aplicaciones, han detectado el potencial que tiene este kit como herramienta para fomentar la cooperación entre los empleados. Lo han bautizado como Temporada Arómatica, es decir, dos meses que constan, a su vez, de dos módulos: el primero: un taller de descubrimiento con diez empleados de la empresa para fortalecer la relación entre diferentes unidades del negocio, en el que los empleados tendrán que cuidar este ecosistema durante dos meses. «Nosotros damos soporte de mantenimiento», comenta Teyssié. Y un segundo módulo, al final de la temporada que es un taller de cocina. «Alquilamos toda esta experiencia», añade el cofundador. De hecho, ya la están implementando en las oficinas de Schneider Electric en la capital catalana desde hace un mes. La multinacional los ha contratado durante tres temporadas.
El pasado mes de noviembre, el proyecto se inscribía dentro de un programa de Barcelona Activa, en donde reciben asesoramiento para ayudar a la constitución de la empresa. El modelo legal del proyecto se constituye como una asociación sin ánimo de lucro, a falta de una figura en España para la denominada empresa social. «Queremos registrar la actividad legal aquí, por que pensamos actuar en Cataluña», cierra Teyssié.
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