Diversidad de abejas para polinizar los cultivos
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En: abc.es, Digital - 12/03/2018
Un estudio con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha demostrado que conservar una gran diversidad de especies de abejas es fundamental para asegurar la polinización de los cultivos.
El trabajo, publicado en la revista Science, ha medido las especies necesarias para polinizar tres cultivos (sandía, grosella y arándano), a lo largo de más de 50 fincas agrícolas, y ha concluido que, de las 100 especies que encontraron, más de 50 especies eran necesarias para asegurar su polinización.
«Las abejas, de las que hay más de 20.000 especies (el doble que las de pájaros, por ejemplo), tienen un papel clave para el ecosistema y para nosotros, ya que median la polinización de las plantas con flor, incluyendo la producción de las frutas y verduras que nos comemos», explica Ignasi Bartomeus, investigador del CSIC en la Estación Biológica de Doñana, quien ha participado en este estudio, liderado por la doctora Rachael Winfree, de la Universidad de Rutgers (Estados Unidos).
Una solución clásica en agricultura para asegurarse la polinización de los cultivos es usar colonias de abeja de la miel, pero esta por sí sola no puede asegurar la buena polinización de los cultivos y necesita de la acción conjunta de abejas silvestres para maximizar la producción.
Estas abejas suelen ser solitarias (no forman colonias), y son vitales para el buen funcionamiento del ecosistema. Sin embargo, hasta ahora se ignoraba cuántas especies eran necesarias para asegurar la polinización y maximizar la producción.
La explicación a esta necesidad de conservar una gran diversidad de abejas para mantener la producción agrícola es la siguiente: «en una finca determinada, necesitamos solo unas cuantas especies de abejas, pero estas no son las mismas que en la finca vecina. Esto hace que cuando consideras paisajes agrícolas de forma integrada, necesitas conservar a muchas especies de abejas», indica Bartomeus. «Cada especie juega su papel en los ecosistemas, y la única manera de asegurar su buen funcionamiento es protegerlas todas», concluye.
Malas hierbasPor otro lado, un grupo de investigadores del CSIC ha participado en un proyecto muy interesante para el sector de la agricultura. En él se ha desarrollado un algoritmo automático para la detección y cartografía de malas hierbas en fase temprana dentro y fuera de la línea de cultivo a partir de imágenes tomadas con vehículos aéreos no tripulados, o drones.
«Este algoritmo genera los mapas de tratamiento que podrían ayudar a los agricultores en la toma de decisiones para mejorar el manejo del cultivo mediante la aplicación localizada del herbicida en el momento fenológico óptimo, permitiendo ahorros sustanciales de estos fitosanitarios», explica Ana Isabel de Castro Megías, investigadora Juan de la Cierva del CSIC en el Instituto de Agricultura Sostenible, de Córdoba.
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