El agricultor de la parcela con Xylella ya alertó en 2015 a Medio Ambiente
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En: elmundo.es, Digital - 24/07/2017
Asegura que todo el valle de Guadalest se encuentra repleto de árboles con los mismos síntomas
Agricultura detecta una bacteria sin cura en la Comunidad que mata almedros, olivos y vid
El foco de la bacteria Xylella fastidiosa que la Conselleria de Agricultura detectó a principios de julio en un campo de almendros de Guadalest no es reciente ni podría estar acotado a una única explotación. El agricultor que se ha encargado durante más de dos décadas de esta parcela, Joaquín Ponsoda, ya avisó hace dos años a los técnicos del servicio de Extensión Agraria del Gobierno valenciano de unos síntomas coincidentes con los de esta enfermedad incurable, que en Italia ha secado a miles de olivos en el último lustro.
Alarmado por el notable desplome de la producción, y el incremento progresivo de las hojas y ramas secas en algunos ejemplares, Ponsoda se puso en contacto con la Conselleria de Medio Ambiente en agosto de 2015. Tiempo después, un agente de este departamento se desplazó hasta la explotación para tratar de identificar el problema. «Me dijo que no sabía de qué se trataba, pero que como en esa época los árboles apenas tenían savia, volverían en primavera a hacer análisis», relata el agricultor a este diario.
No fue hasta los meses de abril y mayo de este mismo año cuando los técnicos de Extensión Agraria regresaron al campo para tomar sin previo aviso nuevas muestras. Y a finales de junio, los acontecimientos se precipitaron. Primero, comunicaron a Ponsoda que debían fumigar para eliminar insectos y pocos días después la comitiva volvió con medidas más expeditivas bajo el brazo. Acompañados por la máquina trituradora de Tragsa, los operarios de Agricultura informaron de la decisión adoptada en Valencia. Tenían que arrancar los 150 almendros de su explotación. Sin mayores explicaciones.
La erradicación del material vegetal se produjo el 3 de julio en aplicación del protocolo de contención de la Xylella fastidiosa, aunque según este relato, Ponsoda y el propietario del terreno no conocieron hasta ese instante el contagio. Oficialmente, el «ébola de los olivos» había dado el salto a la PenínsulaIbérica.
El agricultor, oriundo del Valle de Guadalest, no oculta su malestar ante la gestión de esta crisis. No sólo por la escasa información que ha facilitado la Conselleria durante el proceso, sino por las medidas ejecutadas. «Se ha actuado como si fuera una parcela joven y el contagio reciente, pero la mayoría de los almendros tenían entre 20 y 30 años y no constan injertos [una de las prácticas de riesgo], precisa.
Aunque la enfermedad puede permanecer latente durante años, sin ofrecer síntomas, Ponsoda advirtió los primeros signos serios en el entorno de 2012, cuando dio la voz de alarma a Coarval. Los técnicos de esta cooperativa de segundo grado adujieron entonces una posible carencia de nutrientes pero el tratamiento administrado no surtió efecto. La infección siguió su curso y la producción acentuó su desplome. Los árboles, sencillamente, se fueron secando por dentro. «El campo ha pasado de 2.000 kilos anuales a poco más de 400», asegura. Ahora, el terreno yermo tendrá que permanecer en cuarentena -sin plantación alguna- durante al menos dos años.
Aun así, este agricultor no cree que la destrucción de su parcela y de todo el material vegetal que crecía en un perímetro de 100 metros [la zona cero en el plan de contención] vaya a detener el avance de la plaga. Sobre todo porque, según afirma, no se trata de un caso aislado. «Está todo el valle infestado de árboles con los mismo síntomas que yo comencé a detectar hace años», asegura. Desde Callosa d'En Sarrià a Confrides emergen ejemplares con ramas secas y merma de producción. Muchos en bancales abandonados. «Si los analizan seguro que encuentran 200 focos distintos. Esto es como el cáncer, hay que convivir con la enfermedad. Si se arrasa todo será la ruina total. Va a dar pena ver el valle», insiste.
Junto al turismo, la agricultura ese erige en el motor económico de los pequeños municipios que pueblan este escarpado paraje de la Marina Baixa. Ahora, la Xylella fastidiosa amenaza los cultivos tradicionales de secano y la estabilidad económica de sus vecino. Aunque se han previsto indemnizaciones, son insuficientes. «Si estás pagando un préstamo y te trituran el campo, no puedes vivir con las ayudas. Es imposible».
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