El Brexit pone en riesgo hasta un 5% de los fondos de la PAC para España
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En: larazon.es, Digital - 27/06/2016
Las repercusiones definitivas para el sector agroalimentario español del Brexit dependerán del resultado de las negociaciones que se desarrollen en los próximos meses entre Bruselas y Londres para concretar los términos de la separación. Las consecuencias se pueden agrupar en tres grandes capítulos: las cuestiones institucionales, como las de carácter presupuestario y la salida de la PAC; los aspectos puramente comerciales, una vez que Reino Unido abandone la UE, y, por último, los problemas de orden normativo, como la regulación veterinaria y fitosanitaria, que también inciden sobre el comercio de productos agroalimentarios.
Desde el punto de vista institucional, la salida de Reino Unido de la UE supondrá también que dejará de aplicarse la Política Agraria Común (PAC). Durante los últimos ejercicios presupuestarios Reino Unido ha percibido alrededor de 3.700 millones de euros de esta política. A partir de la separación definitiva, los agricultores y ganaderos británicos no dispondrían de ese dinero, que llega fundamentalmente en concepto de ayudas directas; falta por saber si el Gobierno británico estará dispuesto a aportar esos 3.700 millones con cargo a su futuro presupuesto nacional. Por otro lado, la salida de Reino Unido de la UE supondrá para las arcas comunitarias la pérdida de entre 5.000 y 7.000 millones de euros al año, ya que este país aporta más dinero a la UE del que recibe de la misma. Suponiendo que no hubiese otros cambios externos en el presupuesto comunitario ajenos a este problema, los gastos de la UE, incluido el dinero de la PAC, se tendrían que reducir entre un 3 y un 5 por ciento, lo que podría repercutir en recortes similares sobre los fondos de la PAC que llegan a España cada año. Por otro lado, el Brexit supondrá el abandono del club comunitario del Estado miembro más crítico con la PAC. Desde Londres han sido partidarios casi siempre de eliminar esta política y, por lo tanto, de ahorrar el dinero que se destina para financiarla. Los de Londres se han constituido históricamente como los mayores enemigos de la PAC. En el capítulo comercial aún es muy pronto para saber cuáles serán las consecuencias exactas del Brexit para el sector agroalimentario español, ya que todo dependerá de lo que negocien en los próximos meses las delegaciones de Reino Unido y de la Comisión Europea, que actuará en nombre de la UE.
La sombra de los aranceles De entrada, la salida del Reino Unido del club comunitario supondrá también que este país queda fuera del mercado único y habrá que negociar un nuevo marco comercial entre las dos partes. ¿Se fijarán aranceles para las exportaciones de la UE, incluidas las españolas, a Reino Unido? Si fuese así, los sectores que se verían más afectados serían los de frutas y hortalizas, vino, carnes y aceite de oliva, que suponen el grueso de nuestros envíos a este país. También habrá que contemplar el aumento de la competencia de los productos procedentes de países terceros, como Marruecos, Nueva Zelanda, Australia o Estados Unidos, por citar tan sólo algunos, para los envíos españoles. Tampoco se sabe si habrá aranceles para lo que entonces serían exportaciones de productos agroalimentarios británicos al mercado español; nuestras compras más importantes son de «whisky»», cereales y productos de la pesca.
Finalmente, hay que contemplar lo que se establezca en aspectos que no son arancelarios, pero que pueden suponer importantes barreras para el comercio de productos agroalimentarios. Se trata de las llamadas normas sanitarias, fitosanitarias y veterinarias, que dificultarían los intercambios tanto o más que los aranceles que pudiesen establecerse. Se trata de un aspecto especialmente sensible y que tiene más importancia de lo que parece. De hecho, uno de los asuntos más simbólicos y conflictivos en las relaciones entre Reino Unido y la UE durante los últimos años, que también se ha utilizado en la campaña del último referéndum, ha sido la queja constante de algunos sectores británicos contra Bruselas, preguntándose por qué se tenía que fijar desde la capital comunitaria el tamaño y el calibre que debían tener los pepinos producidos en este país.
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