El empleo de antibióticos para engorde animal nos condena a un 'mundo post-antibiótico'
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En: abc.es, Digital - 29/09/2017
Los antibióticos constituyen uno de los avances más importantes alcanzados en la Medicina, cuando no en la Historia de la Humanidad. Y es que estos fármacos son los responsables de destruir a las bacterias y, por tanto, de combatir -y curar- algunas de las enfermedades infecciosas más mortales. Sin embargo, parece ser que esta 'era de los antibióticos' está llegando a su fin. O lo que es lo mismo, y como llevan advirtiendo desde hace tiempo los especialistas, nos encaminamos a un mundo 'post-antibiótico', en el que las infecciones bacterianas camparán a sus anchas. Y es que la cifra de 'superbacterias', esto es, de microorganismos resistentes a los antibióticos, es cada vez mayor. Pero, ¿no hay nada que se pueda hacer? Pues sí: utilizar estos fármacos de forma adecuada, que no abusiva o errónea. Y no tanto por los humanos, sino sobre todo con fines lucrativos en el sector ganadero. No en vano, el uso de antibióticos para el engorde de animales ha alcanzado unas dimensiones totalmente inaceptables, amén de muy peligrosas. Tal es así que, como muestra un estudio dirigido por investigadores del Centro para la Dinámica, Economía y Política sobre Enfermedades (CDDEP) en Washington DC (EE.UU.), se requiere una reducción de al menos un 80% en el empleo de antibióticos para engorde de ganado para el año 2030 con objeto de 'atenuar' la situación. Y los autores proponen una estrategia para hacerlo.
Como explica Ramanan Laxminarayan, director de esta investigación publicada en la revista «Science», «esta escalada en el uso de antibióticos, principalmente como sustituto de una buena alimentación e higiene en la producción ganadera, es simplemente insostenible y echará por tierra todos los esfuerzos para conservar la eficacia de los actuales antibióticos. A día de hoy ya estamos afrontando una crisis, pero continuar usando antibióticos esenciales en la práctica clínica para promover el engorde de animales es como verter aceite en un fuego».
España, en el 'Top 5'No cabe ninguna duda sobre la importancia, vital, de los antibióticos. El problema es que cuando estos fármacos son utilizados de manera abusiva o errónea -por ejemplo, para tratar enfermedades que, como la gripe, son causadas por un virus y no por una bacteria-, pierden su eficacia. Y es que en estos casos, las bacterias acaban mutando y adquiriendo 'resistencia' a estos fármacos, que dejan de ser útiles. De hecho, la resistencia a los antibióticos es la primera causa de muerte en los hospitales y, como alerta la Organización Mundial de la Salud (OMS), supone ya una de las principales amenazas para la salud pública en todo el mundo. Además, como ya alertara la propia OMS en un informe publicado la pasada semana, «el mundo se está quedando sin antibióticos». El resultado es que, de seguir con la actual tendencia, la 'era antibiótica', iniciada en 1928 con el descubrimiento de la penicilina por Alexander Fleming -o según defienden otros autores, con el uso del salvarsán por Paul Ehrlich para tratar la sífilis- no cumplirá un segundo siglo.Debemos actuar de forma decisiva y debemos hacerlo ya, de manera integral, para preservar la efectividad de los antibióticosRamanan Laxminarayan
Sin embargo, es muy posible que el uso inadecuado por los pacientes de estos fármacos no sea el causante de la situación. Pero, ¿tan significativo es el empleo de antibióticos para el engorde de animales? Pues sí. Más que significativo. A nivel global, se emplea una cantidad tres veces mayor de estos fármacos en la ganadería que en el tratamiento de los seres humanos. Además, cerca de un 80% de todos los antibióticos que se utilizan en Estados Unidos se destinan a los animales, principalmente para engordarlos. Y la tendencia no tiene visos de parar: se estima que el empleo de estos fármacos con 'fines ganaderos' crecerá un 53% entre 2013 y 2030 en todo el mundo.
Llegados a este punto, ¿nuestro país tiene alguna responsabilidad en este uso inapropiado de antibióticos? Pues sí. España se situó en 2013 en la quinta posición mundial en el empleo de antibióticos para el engorde animal con un total de 2.022 toneladas. Un 'Top 5' encabezado por China, con 78.200 toneladas, y completado con Estados Unidos -9,476 toneladas-, Brasil -6.448- e India -2.633-. Además, las previsiones no son nada halagüeñas: para 2030, las proyecciones hablan de un incremento de este uso del 59% en China; del 22% en Estados Unidos; del 41% en Brasil; del 82% en China; y del 6% en España.
Pero aún hay más. Incluso aquellos países en los que este uso de antibióticos con fines ganaderos es testimonial se subirán al carro en los próximos años. A modo de ejemplo, cabe citar Uganda, país que en 2013 destinó 199 toneladas al engorde animal y en el que se prevé un crecimiento del 100% para 2030. Y sobre todo Vietnam, con 515 toneladas utilizadas para este fin en 2013 y cuyo crecimiento se estima en un 215% para 2030.
Subir los impuestosEn definitiva, tenemos un problema. Y muy grave. Un problema, además, sobradamente conocido. De hecho, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ya reconoció el pasado año en su reunión sobre resistencias antimicrobianas que el uso inapropiado de antibióticos en animales es la causa principal del aumento de estas resistencias.
Por tanto, ha llegado el momento de pasar a la acción. Si dejamos que el problema siga 'engordando', retrocederemos a una época en la que cualquier herida infectada puede resultar potencialmente mortal. Y exactamente, ¿qué se puede hacer? Pues los autores proponen tres medidas que, en su conjunto, reducirían el uso global de antibióticos para engorde animal en más de un 80% para 2030. Concretamente, la adopción de regulaciones que limiten esta práctica, lo que podría suponer una reducción del 64%; limitar el consumo de carne en humanos a una única hamburguesa -o el 'equivalente'- diaria, lo que podría disminuir el empleo de antibióticos en animales en hasta un 66%; e imponer un impuesto de un 50% en el precio de los antibióticos de uso veterinario, lo que podría reducir el consumo en animales en un 31%.
Como concluye Ramanan Laxminarayan, «una tasa modesta en el precio de los antibióticos veterinarios es adecuada dado la magnitud de la amenaza y podría desalentar las prácticas de cría de ganado que impliquen el uso de grandes cantidades de antibióticos. Debemos actuar de forma decisiva y debemos hacerlo ya, de manera integral, para preservar la efectividad de los antibióticos».
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