El negocio de la leche ecológica en España, cada vez más familiar
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En: lavanguardia.es, Digital - 20/09/2017
El boom de la leche ecológica ha coincidido en espacio y el tiempo con la mayor crisis del sector lácteo en los últimos años y con el auge de otros sucedáneos: avena, almendra, soja El mercado de la leche eco y sus derivados crece en España, aunque sigue muy por debajo de las potencias europeas (Francia, Gran Bretaña o Alemania).
La preocupación por la alimentación ¿qué comemos? y la tendencia por hacer las cosas como se hacían antes han ayudado al desarrollo de medianas y pequeñas producciones con un marcado carácter familiar.
El mercado de la leche eco y sus derivados crece en España, aunque sigue por debajo de las potencias europeas
Hablamos con Cristina Fernández-Armesto, copropietaria de Casa Grande de Xanceda, la segunda empresa productora de leche ecológica en España que se encuentra en Mesía (A Coruña), y Ana Serra, cofundadora de La Selvatana, una granja ubicada en el Gironès que abastece con sus yogures a más de 20.000 niños y niñas a la semana en el curso escolar.
Las dos sortearon dificultades, económicas y vitales, para salir adelante. Creen en una ganadería y una agricultura sostenible, respetuosa con el medio ambiente y libre de insecticidas, herbicidas u hormonas de crecimiento.
Producimos lácteos causando el mínimo impacto en los animales y la salud humana. Intentamos no forzar el ciclo reproductivo de las vacas, por eso producen bastantes menos litros que en una granja convencional (20 litros por los 30-35 por cada res). No creo que haya un ganadero que se meta en esto por hacerse rico. Nos diferencia la calidad, explica Cristina, que tomó el testigo de su abuelo.
Felipe Fernández-Armesto, corresponsal de La Vanguardia en la Segunda Guerra Mundial (utilizaba el pseudónimo de Augusto Acía) y otros conflictos, siempre soñó con dedicarse a una granja de vacas en su jubilación. Compró 20 hectáreas y 30 vacas que se trajo en un barco desde Canadá. Las vacas que tenemos ahora son las tataranietas de aquellas, nunca hemos comprado más. Todas nacen aquí y nosotros las ordeñamos, desvela Cristina, que asumió el control de la granja junto a su padre y sus hermanos.
Nunca hemos comprado más vacas. Todas nacen aquí y nosotros las ordeñamos
Felipe Fernández-Armesto
Productor de leche ecológica
No todo fue tan fácil. Le dimos hueco a una ganadería que estaba a punto de desaparecer, esto era un pozo sin fondo. Aconsejados por el veterinario de nuestra granja, que estaba muy pendiente de lo que pasaba en Europa, sacamos la certificación ecológica en 2004. Vendíamos la leche a la francesa Lactalis (una de las más potentes en el sector), pero el precio no cubría nuestros costes. Queríamos ser independientes y decidimos crear una línea de productos con nuestra propia marca, recuerda Cristina.
Leche fresca, yogures, quesos y postres de Casa Grande de Xanceda se pueden adquirir en varias cadenas de supermercados. De las 20 hectáreas y 30 vacas que inicialmente tenía el abuelo Felipe, la empresa ha pasado a tener 200 hectáreas y 350 vacas (la certificación europea requiere un mínimo de una hectárea para cada dos reses y deben pastar en libertad).
Todavía estamos en un primer escalón comparados con el resto de Europa, pero queda mucho recorrido y es un sector al alza porque. Más que una moda es una tendencia que ha venido para quedarse, avisa Cristina.
Ana Serra era periodista y se considera neorrural. Hace 20 años llegó a la granja de su abuelo junto a su marido, Alfons Mir, en Campllong (Girona) y decidieron quedarse. Me enamoré de las vacas, recuerda la propietaria de La Selvatana, que se transformó de granja convencional a ecológica por una cuestión de principios.
Nos vinimos un poco engañados por la idea bucólica del campo y los animales. La realidad es que, con los insecticidas, herbicidas y un calendario muy estricto para sembrar, estábamos muy lejos de lo que entendíamos como una granja, desvela la ganadera, que dio un giro total a la situación tras la última gran crisis del sector lácteo.
Estaba en la ruina. Teníamos dos opciones, desaparecer o crecer con socios externos y capitalistas. No nos gustaba ninguna de las dos opciones y nos movimos a la leche ecológica, relata Ana, que inicialmente se encontró con varios problemas: No podíamos llegar a las centrales lecheras. ¿Sois alemanes o qué?, nos decían.
La empresaria realizó un pequeño estudio de mercado antes de abordar la definitiva transformación. Nos dimos cuenta de que solo había dos granjas del estilo en Catalunya, una con ocho vacas y otra con doce. Pensamos que sería una oportunidad genial de llegar a las escuelas y buscamos el target que determinó cuál iba a ser el producto. Empezamos a hacer yogures y, al principio, fue horroroso. No nos divorciamos de milagro, pero con paciencia y cabezonería superamos ese mal sueño. Antes teníamos un piso en Barcelona, ahora un obrador, añade.
Los yogures de la Selvatana se distinguen por su calidad expcecional y sabor y la ausencia total de hormonas o antibióticos. Ana entiende que hay mucha gente reticente a tomar productos animales porque se creen que todos están maltratados, pero en la producción ecológica es al revés. Siempre digo que nuestra granja es un hotel para vacas, donde tienen todas las facilidades a su disposición. Y pagan su estancia con leche.
Hay mucha gente reticente a tomar productos porque creen que se maltratan a los animales, pero en la producción ecológica es al revés
Ana Serra
Cofundadora de La Selvatana
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