El sector del cereal no logra frenar la pérdida de hectáreas y producción
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En: hoy.es, Digital - 13/02/2018
Dicen que los cereales son básicos. Y lo son porque sin ellos muchos alimentos no se podrían elaborar. Pero la realidad es que nos pagan por ellos como si no sirvieran». La frase es de Ricardo Casado, agricultor de 60 años, natural de Villanueva de la Serena y productor de cereales entre otros cultivos.
Su lamento es compartido por el sector, que ni siquiera en años de escasez de cereales ha visto cómo se les paga «un precio justo, por lo menos». Es decir, no se ha cumplido eso de que a menor oferta, más precio por tu producto. No ha servido siquiera para que los cereales más relevantes desde el punto de vista de la nutrición humana como son el trigo y el arroz, que constituyen la base de la alimentación de cuatro quintas partes de la población mundial, haya aumentado su precio respecto a otras gramíneas.
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«Eso de estar en un mundo globalizado tiene consecuencias. Si en España no hay una buena cosecha de cereales, no pasa nada. Se importa. E incluso se importa sin haber necesidad. Todo sea por no pagar a los cerealistas de aquí un precio razonable. Estamos cobrando lo mismo que hace 30 años. Si dice pronto pero esto es una barbaridad», sentencia Fermín Suárez, de 55 años y presidente de la villanovense cooperativa de San Isidro y de la sectorial de cereales de Cooperativas Agro-Alimentarias de Extremadura. «¿Alguien entiende esto para el trigo, la cebada o la avena?», remata su reflexión.
En 2017 se sembraron 11.000 hectáreas menos y hubo 82.000 toneladas menos en la región
La cosecha mundial ha sido extraordinaria en las dos últimas campañas y en la UE se ha sembrado másRicardo Casado Agricultor
«Este sector es especialmente desgraciado. No tenemos peso. Fíjate que ni siquiera respetan en muchas ocasiones los precios fijados por las Lonjas, y eso que son bajísimos», concluye Cándido Méndez Cabezas, de 54 años y natural de Llerena y gerente de la cooperativa Agrollerena y comarca.
El trigo, la cebada o la avena forman parte de los que son llamados cereales de invierno para diferenciarlos de los de verano. Los de invierno se siembran normalmente entre finales de octubre y noviembre (un poco antes en la Campiña Sur pacense, una de las tradicionales zonas cerealísticas de Extremadura), se desarrollan principalmente en primavera y su producción se cosecha en el último periodo de la primavera y principios de verano.
En este grupo, aparte de los ya mencionados (con la doble variedad de trigo duro y blando), se agrega el centeno.
«Nos están pagando el mismo precio que hace treinta años. ¿Alguien entiende esto?»
Fermín Suárez | Presidente Cooperativa S. Isidro
En cambio, los llamados cereales de verano se desarrollan con mayores temperaturas y la recolección se realiza a finales de verano o principios de otoño. En este bloque se encuentran el maíz, tradicionalmente de enorme peso en Extremadura pero en declive constante en la última década, y el sorgo. Se sitúan en las comarcas de regadío.
«Da igual el cereal de invierno o de verano. El asunto está igual. Lo dice la estadística», agrega el presidente de la sectorial de Cooperativas Agro-alimentarias.
Según informa a HOY la entidad que agrupa a buena parte del movimiento cooperativo regional, la producción total de cereal en 2017 en Extremadura fue de 1.186.185 toneladas. Ahí se incluyen 574.125 correspondientes al maíz. Sin el maíz, el cereal más abundante fue la avena, con 190.517 toneladas plantadas.
La producción extremeña representó el 7,7% de la cosecha nacional. La región fue la sexta productora de cereales de España. Tras la avena se situaron el trigo blando, con 157.153 toneladas, y la cebada con 160.177. La superficie cultivada en la región fue de 301.202 hectáreas. En el conjunto español la producción fue de 15,5 millones de toneladas, un descenso del 34,7 % respecto a la cosecha anterior.
EvoluciónEn 2016, la producción de cereal en Extremadura fue de 1.268.105 toneladas, es decir, casi 82.000 toneladas menos que la de la pasada temporada. Peor aún fue 2015: poco más de un millón de toneladas.
La superficie cultivada en la región en 2016 fue de 312.099 hectáreas (trigo blando y duro, cebada, maíz, avena, centeno y triticale). Esto es, el año pasado contó con 11.000 hectáreas menos, confirmando, por tanto, el descenso tanto de hectáreas como de toneladas de cereal en Extremadura.
«La superficie de cereal cada vez va disminuyendo porque no compensa a los agricultores»
RICARDO cASADO | AGRICULTOR
En el conjunto nacional, la producción en 2016 fue de 23,8 millones de toneladas. Esto es, un aumento de 5,2 millones respecto al 2015 pero 8 menos que el año pasado. La superficie se quedó en 6.129.099 hectáreas.
La realidad de unos precios «irrisorios» -se enfatiza- es un buen argumento para justificar el lento pero constante descenso de la superficie y de producción de cereales no solo en Extremadura sino en el conjunto de la Unión Europea en la última década. Todavía es pronto para ver cómo será esta cosecha pero la previsión es que no variará mucho respecto a la última y, si acaso, con ligero descenso en nuestra comunidad autónoma.
El último apunte estadístico conocido en el conjunto de la Unión Europea es significativo. La superficie total cultivada en todo el territorio comunitario descendió en la última campaña un 1%. Para esta temporada, Bruselas calcula que se ha sembrado un 1,5% más.
Un trabajador de la cooperativa San Isidro de Villanueva airea el grano almacenado de la campaña anterior. / BrígidoA la baja No obstante, a pesar de esa subida que se intuye, la previsión de la Comisión Europea es que el nivel de producción se mantenga por debajo de lo que se ha contemplado en los últimos cinco años.
El contexto mundial es diferente al europeo. La previsión para la producción de cereales en la campaña recién concluida se ha incrementado en 21 millones de toneladas, cifra inferior solo un 2% al récord de la campaña pasada.
El cambio corresponde más que nada al trigo (aumento de las proyecciones para Rusia, Canadá, Argentina y Australia) y al maíz (aumentos para la UE, Estados Unidos, China, Nigeria y Etiopía), según el Consejo Internacional de Cereales, una organización intergubernamental cuya actividad es el seguimiento del comercio mundial de cereales y oleaginosas.
En Extremadura no habrá más superficie de hectáreas de cereal en este año. Al contrario. Se reducirá. Y no solo porque habrá menos maíz, muy importante a la hora de contabilizar datos globales de este subsector agrario. «No compensa al agricultor ningún cereal. No salen las cuentas. La tonelada de trigo es de 180 euros. Con eso las explotaciones están por debajo de su rentabilidad», confirma Ricardo Casado.
«Si acaso antes merecía la pena la cebada porque te daban una prima para la producción de cerveza pero esa ayuda se ha reducido en un 50%», lamenta este socio de la cooperativa villanovense de San Isidro, una de las sociedades agrarias más importantes de Extremadura.
Para la última campaña sus 180 agricultores han conseguido recolectar alrededor de 3.000 toneladas de cereal, cifra lejana de sus mejores tiempos pero próxima a la media histórica.
Casado recuerda cómo en la última campaña, además, los cerealistas extremeños -y el campo en general- se han topado con la losa añadida de la sequía. En verano pasado, por ejemplo, se supo que la ausencia de precipitaciones había dañado a más de 10.000 hectáreas de cereal en toda la comunidad autónoma extremeña.
Es la cifra que alcanzaban los partes enviados a Agroseguros. Es decir, de superficie asegurada, con lo que el impacto de la sequía fue mayor porque al contrario que otros cultivos no todo está asegurado en el cereal. A eso hubo que sumar otras 1.300 hectáreas de cultivos herbáceos dañadas en este caso por las tormentas.
Tractor preparado para abonar con nitrato una parcela de cereal. / BrígidoBajos rendimientos y plagasSi a eso se le suma el daño ocasionado por las enfermedades de los cultivos y las plagas (como el gusano de alambre, la roya, la sectoria o el mosquito de trigo) y que los rendimientos por hectáreas en Extremadura son de los más bajos de España, incluso en tierras que son de regadío, tenemos definitivamente un complicado cuadro general sobre este subsector.
Casado y Suárez se encuentran en estos días, como muchos cultivadores de cereales de Extremadura, mirando no solo al cielo para demandar una lluvia imprescindible sino también analizando la tierra para ver cómo se desarrolla el trigo, la cebada o la avena plantada. Lo mismo que Méndez. «La nacencia llegó tarde pero llegó. Ahora, lo que los santos del cielo quieran», resume resignado para esta campaña.
En zonas de regadío, como las que se extienden en gran parte de las Vegas del Guadiana, se están realizando los últimos abonos en las parcelas para que ganen vigor el cereal. Unos fertilizantes que ya no se echarán más a partir de febrero.
Una práctica que no se suele hacer con esa intensidad en la Campiña Sur, la gran comarca cerealística de secano en Extremadura. «El problema del sector es aquí más grave porque apenas tenemos alternativa, frente a los agricultores de las Vegas del Guadiana», indica Méndez, quien recuerda que la campaña pasada hubo zonas del sureste de la provincia de Badajoz «en la que ni siquiera se segó lo sembrado pero el rendimiento por hectárea era ridículo».
En Agrollerena hay unos 300 socios pero el cereal no es un monocultivo. Se comercializa ganado y aceituna «porque si tuviéramos que ganarnos la vida solo con lo que sacáramos del trigo o la cebada estaríamos apañados».
«Los precios por los suelos del cereales es una absoluta realidad. Muchos agricultores se están arruinando. Si tienen otras alternativas, dejan de sembrar cereal y a otra cosa. Pero en las zonas de secano, tradicionalmente cerealistas y con bajos rendimientos, ahí la situación se vuelve insostenible. Se cierran explotaciones, dejan de sembrarse hectáreas y nadie toma el relevo», añade Ignacio Huertas, secretario general de UPA-UCE.
Recolección de arroz cerca de Hernán Cortés. / HOYEspeculaciónHuertas es claro a la hora de diagnosticar el por qué de esta realidad. Habla de especulación de precios «y los que pagan siempre son los agricultores». Para el dirigente agrario, la irrupción de cereales procedentes de países terceros o la falta de regulación del mercado de precios dentro de la UE para un sector clave de la alimentación explican en gran medida la situación.
«Desde que se empezó a cotizar en la Bolsa de Chicago el precio del cereal se fija por criterios especulativos, mirando a futuro y no quizás a una realidad más o menos cierta. Eso, a la larga está propiciando que el agricultor sea el gran damnificado y muchos se estén arruinados en sus explotaciones», agrega.
Cándido Méndez, gerente de Agrollerena, es pesimista ante el futuro inmediato. «El cereal nunca va a dejar de hacer falta. Es imprescindible. Pero sí son prescindibles los agricultores que lo producen visto cómo se nos trata. Cada vez hay menos y habrá menos», finaliza el llerenense.
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