El vino sube a la montaña
Votación: Voto1 Voto2 Voto3 Voto4 Voto5  |  Resultados: voto_okvoto_okvoto_okvoto_okvoto_ok00

En: lavanguardia.es, Digital - 21/08/2017
El aumento de la temperatura ambiental, consecuencia del cambio climático, y la búsqueda de vinos con menos alcohol y más aroma está haciendo crecer la plantación de viñedos en alta montaña. Zonas del Pirineo y Prepirineo catalán como Andorra o el Pallars Jussà, por ejemplo, están constatando un interés creciente de las bodegas por implantar en ellas el cultivo de viña que ler permita alargar la vendimia, buscando lugares frescos que acaben dando vinos con menos graduación y más aroma buscando un producto más novedoso. También los expertos en viticultura constatan que el fenómeno de los vinos de altura cada día interesa más a la industria.
No existe consenso sobre si los efectos del cambio climático ya están dejando huella en la cosecha y calidad de los vinos o si es algo que hay que temer en un futuro, pero todos los expertos consultados por LaVanguardia.com reconocen que el aumento de temperatura ya está provocando un adelantamiento de las vendimias porque la maduración de la uva concluye antes. Este ascenso térmico también está motivando que las empresas vinícolas busquen técnicas y apliquen estrategias para minimizar el impacto que el calentamiento global puede provocar en la viña. En esta línea, una de las estrategias que cada día genera más interés en el mundo vitivinícola son las plantaciones de altura: cultivar viñas en zonas de montaña por encima de los 1.000 metros (una plantación habitual se mueve entre los 200 y no suele superar los 400 metros de altitud) en busca de ambientes más frescos que permitan mantener más tiempo la uva en planta.
Caldos más aromáticos
Si se sube la viña a zonas más elevadas cambia la calidad del vino, se retrasa la fecha de maduración e incluso influye [positivamente] en las enfermedades que atacan a la vid, explica a LaVanguardia.com Carmen Martínez, investigadora del CSIC y directora del grupo de viticultura en la misión biológica de Galicia. Martínez lleva más de dos décadas trabajando en viticultura de montaña (reintroduciendo este cultivo en el monte asturiano), constata el creciente interés por los vinos de altura y recalca que cada vez reciben más consultas de fuera y dentro de España sobre el tema. Además de para capear el aumento de temperatura, según la experta, subiendo los viñedos a la montaña se consiguen caldos más aromáticos, con menos alcohol y más originales, un tipo de producto que cada vez tiene más aceptación entre el público, explica.
El Pirineo y Prepirineo catalán hace un lustro que está viviendo el florecimiento de las viñas de altura. Uno de los primeros en ver las posibilidades de la montaña fueron las Bodegas Torres que hace algo más de una década aterrizaron en Tremp (Pallars Jussà) con la intención de buscar nuevos escenarios para la plantación de viñedos, una estrategia que se une a otras que está desarrollando la empresa que intenta sortear los efectos que el exceso de calor tiene sobre la viña. Hoy en Tremp, Torres dispone de 126 hectáreas en las que plantan variedades como el Chardonnay, el Merlot o el Riesling. Cerca de allí, en Talarn, y también escapando un poco de las consecuencias del cambio climático, las bodegas Castell dEncus llevan varios años viviendo la viticultura de montaña más tradicional.
Andorra es otra de las zonas que está viendo resurgir el mundo del vino y desde hace unos cinco años se vuelve a cultivar viñedo, explica Jordi Coma, presidente de la Associació de Pagesos i Ramaders del país. Tanto es así, que el representante asegura que productores de Catalunya y del resto de España se están interesando por una zona en la que ya han fructificado cinco proyectos, muchos de ellos de ámbito familiar. La bodega Borda Sabaté es uno de ellos. La familia, vinculada al mundo de la agricultura y ganadería desde 1944, hace una década que se empezó a introducir en el negocio de la viña y elabora vino desde 2009, explica Joan Albert Farré, gerente de la bodega. Para Farré es evidente que en los últimos años han proliferado los proyectos de viticultura en los Pirineos en rincones como Andorra o la Cerdanya en una combinación de empresarios autóctonos y gente de fuera. El gerente explica este interés por la necesidad de recuperar características del vino como la frescura o un grado más moderado de alcohol. Para Coma, el florecimiento del vino hecho en Andorra es positivo además y espera que sirva para promocionar el producto con sello andorrano.
Y a pesar de que hoy no es lo más habitual, lo cierto es que la viña formó parte de la alta montaña un siglo atrás. Así, Farré dispone de documentación histórica que avala que en los terrenos en los que hoy trabaja de forma ecológica variedades como el Riesling o el Merlot ya eran una extensión vinícola en el año 1006. Para esta bodega andorrana, producir vinos de altura es un reto que les obliga a estar aún más pendientes del tiempo que el resto de empresas que trabajan en unas mejores condiciones meteorológicas.
Sin consenso sobre los efectos
La ampliación de negocio parece estar detrás de esta apuesta comercial en el mundo del vino. Esto es lo que opina también la profesora de viticultura de la facultad de enología de la Rovira y Virgili, Montserrat Nadal, que también considera que la viña de altura se presenta como un añadido más que como un trasvase de zonas. Y sin un consenso claro sobre qué cambios puede producir el aumento de temperatura en los vinos, parece que el color y el aroma son los que más afectados se pueden ver. El aumento de las temperaturas hace disminuir el color y la síntesis de los compuestos fenólicos se puede ver interrumpida, detalla Nadal. También fuentes del Associació Ctalana d'Enòlegs reconocen que con la uva negra hay más cantidad de colorantes y polifenoles si la maduración es lenta, un ciclo que las temperaturas no están permitiendo desarrollar con normalidad en los últimos años, aunque este año aún se está vendimiando. El resultado: caldos con más azúcares y alcohol, pero menos materia colorante e incidencia en el perfil aromático, que puede llegar a ser más pobre.
Estrategias para minimizar los perjuicios
A pesar de que la montaña puede ser una solución, los enólogos ya están poniendo en marcha acciones que anulen las consecuencias del aumento de temperatura en la viña sin necesidad de trasladar la cosecha. "Nos preocupa el comportamiento del tiempo", reconoce Josep Joan Saumell, coordiandor comarcal d'Unió de Pagesos en el Alt Penedés. Joan Asens, enólogo y socio de la bodega Ortó ( DO Montsant ) rechaza parcialmente la idea de que el aumento de temperatura esté afectando a los vinos y cree que el drama es el cambio de modelo de cultivo. Así, Asens destaca la importancia de realizar una viticultura más tradicional y asegura que el marco de plantación afecta tanto o más que la temperatura. Rebajar la densidad de plantación o cambiar la orientación de las cepas además de introducir nuevas variedades más resistentes a las elevadas temperaturas son algunas de las estrategias en las que ya trabajan los enólogos para conseguir que el vino resista al cambio climático.
Las bodegas Bordas Sabaté, en pleno Pirineo andorrano
(Propias)
Viñedos de las Bodegas Torres en Tremp, Lleida
(Propias)
Compartir: