Europa se pone de perfil ante el fuego cruzado entre EE.UU. y China
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En: abc.es, Digital - 05/04/2018
Tras varias semanas de amenazas y hostilidades, ha estallado definitivamente la guerra comercial entre China y Estados Unidos. Horas después de que Washington anunciara aranceles del 25% a 1.300 productos importados de China, apuntando especialmente a los tecnológicos, Pekín no ha dudado en responder con una medida similar.
El régimen chino gravará 106 artículos importados de EE.UU. con tasas también del 25%, según la agencia de noticias Xinhua. Entre ellos destacan los coches y la soja, con los que Pekín contraataca los aranceles que la Administración Trump tiene previsto imponer sobre numerosas importaciones chinas, como pantallas de alta definición, componentes electrónicos para la industria aeroespacial y maquinaria textil. En ambos casos, el impacto que tendrán dichos aranceles en sus respectivas economías será similar: 50.000 millones de dólares (40.000 millones de euros).
Con estos nuevos gravámenes, Pekín amplía la primera batería de aranceles que entró en vigor el lunes. Desde ese día, China está gravando con un 15 y un 25% hasta 128 productos estadounidenses, como el cerdo, el vino, las manzanas, las fresas, las manzanas y la chatarra de aluminio. Con un valor de unos 3.000 millones de dólares (2.600 millones de euros), esa fue la primera réplica de Pekín a los aranceles ordenados el mes pasado por el presidente Trump sobre el acero y el aluminio de China.
Fuente: Departamento de Comercio de EE.UU, OCDE, AFI, FMI-ABCLa Unión Europea contempla desde la barrera al conflicto y espera que las medidas proteccionistas no le acaben salpicando. La postura de la Comisión Europea ante esta escalada de tensión es de convertirse en el líder del comercio libre, tras el paso atrás de la Administración Obama, frente al pulso entre Trump y China, con la firma de acuerdos de libre comercio. El año pasado fue Canadá y este será Japón. Vietnam y Singapur van a aplicar el acuerdo ya firmado con la UE en breve. Y tras ellos aguardan Australia, Nueva Zelanda, Mercosur, México y Chile.
Más allá de esto, Europa tiene poco que recoger en esta guerra. «Habrá que estudiar cuáles son los aranceles que ha subido China a EE.UU. y ver si en España tenemos sustitutivos y al revés. Uno de los aranceles es la soja, pero nosotros no tenemos. Eso sí, para Uruguay y Argentina será una noticia excelente», señala José Ramón Pin Arboledas, economista y profesor del IESE Business School.
Al analizar productos industriales que afectan a la industria de la aeronáutica o automovilística, el margen a corto plazo es estrecho. «Son componentes que las industrias necesitan para ya o en los que los pedidos están hechos, por lo que no habrá sustitución a corto plazo ya que la demanda es estática. El efecto beneficioso, por ejemplo si Airbus pasa a ser más competitiva que Boeing ante estos aranceles, llegará en el medio plazo, a cinco o diez años vista», considera Pin Arboledas que destaca que «todos perdemos ante una guerra comercial».
Pekín centra el tiroA dichas tasas, de las que la Casa Blanca ha eximido a la Unión Europea y otros países, se sumarán en el caso de China los nuevos gravámenes sobre 1.300 de sus productos como castigo por las «prácticas y políticas comerciales desleales» que Trump achaca al autoritario régimen de Pekín. Haciéndose eco de las denuncias de muchas compañías occidentales, su crítica más habitual es la del robo de propiedad intelectual y la obligación de transferir tecnología a cambio de tener acceso al mayor mercado del mundo.
Además, y aquí puede estar la clave de la rápida y contundente reacción de Pekín, EE.UU. ha investigado también la estrategia «Made in China 2025», que persigue modernizar diez sectores clave de las tecnologías más punteras, clave para el cambio de modelo tecnológico del régimen chino. Se trata de la robótica, la tecnología de la información, los ferrocarriles de alta velocidad, el transporte marítimo, los vehículos con nuevas energías, la biotecnología, la electricidad y la maquinaria avanzada y agrícola. Junto a dichas industrias, China se ha propuesto avanzar también en la inteligencia artificial dentro de su ascenso como superpotencia global.
Tales aspiraciones despiertan todos los temores en EE.UU., que sigue siendo la potencia hegemónica mundial pero asiste preocupada al auge imparable de China. O, como muy bien sintetizó el mes pasado en una entrevista con Bloomberg TV el consejero comercial de la Casa Blanca, Peter Navarro, «China ha lanzado este plan para 2025 que, básicamente, le dice al resto del mundo: Vamos a dominar cada industria emergente del futuro, y así vuestras economías no van a tener ningún futuro». Dentro de su pugna por la hegemonía del planeta, EE.UU. y China se enzarzan en una guerra comercial que puede tener como víctima colateral a la economía mundial.
Calmar los ánimosSin embargo, hasta Pekín y Washington son conscientes de estos efectos. Como todas las guerras que anuncia Trump, también el enfrentamiento directo con China va a tener altibajos. La última respuesta de Pekín a los aranceles a la importación con que Washington desató la batalla ha llevado a la Casa Blanca a suavizar su mensaje. Es la forma empresarial de abordar los asuntos económicos del presidente-directivo, lo que su nuevo asesor, Larry Kudlow, calificó ayer de «táctica negociadora». Incluso, llegó a insinuar la posibilidad de que los aranceles no llegaran a aplicarse finalmente. Desde primera hora, el propio Trump había suavizado su mensaje al negar la misma «guerra comercial» con China de la que presumió cuando desató las hostilidades con sus primeros anuncios de aranceles.
Fuente: Departamento de Comercio de EE.UU, OCDE, AFI, FMI-ABCEl nuevo hundimiento al inicio de la jornada de Wall Street, cuyo índice arrancó perdiendo ayer más de dos puntos aunque terminó cerrando en positivo, ayudó también a echar leña a un fuego que ya está afectando negativamente a Estados Unidos. Kudlow, el nuevo «bombero» fichado por Trump como primer asesor económico para suplir al antiproteccionista Gary Cohn, se prodigaba ayer en las televisiones para propagar un mensaje de tranquilidad. «Los mercados están sobreactuando», aseguraba, echando paños calientes al asunto.
Desde que Trump aprobara sus primeras medidas para hacer frente al déficit comercial con China, la Bolsa neoyorquina respira por la herida. Pero no es una cuestión estrictamente financiera. Como le advirtió en su momento el asesor defenestrado, con la política proteccionista, y la escalada de aranceles al comercio entre ambos países, hay más razones para la preocupación que para el optimismo. Algo que comparte la mayoría de economistas.
Pulso tecnológicoEn primer lugar, por los sectores que deberán asumir el coste de un encarecimiento de las transacciones. En el intercambio de golpes comerciales que mantiene con Pekín, sufrirán los empresarios estadounidenses que exportan cerdo, frutas y legumbres como la soja, de la que el país es uno de los grandes vendedores mundiales. Un varapalo para los agricultores, decisivos en cada cita electoral. Además, China va a elevar los aranceles para los productos automovilísticos y del sector aeronáutico que entran en su país. A los argumentos sobre el terreno, la mayoría de los expertos suma la tesis económica de que las medidas proteccionistas, y la escalada que generan, terminarán afectando también a los precios finales para el consumidor, al encarecer la cadena de suministros de productos en el mercado.
Antes de que el asesor de Trump advirtiera de que estamos ante «un proceso al que hay dar tiempo» cuando se le sugería que la guerra comercial podría volverse contra la Casa Blanca, el presidente insistía en Twitter al peaje que deben pagar las gigantes estadounidenses para poder competir en China, que consiste en entregar su tecnología para que se aprovechen las competidoras locales.
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