Huevos de corral en los supermercados: ¿ecologismo o postureo?
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En: elmundo.es, Digital - 06/02/2018
ILUSTRACIONES: LUIS PAREJO0 comentariosComentarLas grandes superficies renuncian a vender productos de gallinas criadas entre rejas y apuestan por opciones que, aseguran, son "más respuetuosas con el bienestar animal"
Los llaman huevos de «gallinas felices». Y están ganando terreno en nuestro país. Cada vez más supermercados y empresas de la industria alimentaria deciden prescindir de los huevos de gallinas enjauladas para apostar por opciones «más respetuosas con el bienestar animal».
Si Mercadona, Carrefour o Nestlé se comprometieron hace unos meses a que en 2025 todos los huevos que vendan o usen serán libres, Lidl ha subido la apuesta recientemente al anunciar que en sus lineales ya sólo hay huevos de gallinas que no se han criado entre rejas.
La tendencia ha sido aplaudida -aunque con matices- por las principales asociaciones animalistas. También ha sido criticada por la patronal de productores. Pero, en todo caso, es una muestra del cambio que está experimentando el sector de la alimentación, que no sólo es más permeable a ciertas reivindicaciones, sino que también está más pendiente de la imagen que proyecta.
«Estamos ante un punto de inflexión», señala Javier Moreno, cofundador y director de la organización Igualdad Animal, muy activa en la denuncia de esta práctica. «Es un paso muy importante para conseguir el fin de las jaulas en la producción de huevos en España».
«Este sistema es uno de los más crueles y que más sufrimiento genera a los animales en la ganadería industrial», añade Moreno, quien subraya que el cambio «es imparable» y una «clara respuesta a la creciente demanda de los consumidores para una mayor transparencia y mejor trato para los animales en el sistema alimentario».
Desde la Asociación Española de Productoras de Huevos (ASEPRHU) niegan, sin embargo, ambos argumentos. «En la Unión Europea las gallinas están bien cuidadas sea cual sea el sistema de producción» dado que la normativa es «la más exigente del mundo y protege mucho los derechos de los animales», clama María del Mar Fernández Poza, directora del organismo.
El mercado marcaba «cierta evolución natural» hacia las gallinas en libertad, concede, «pero esto es una ruptura muy drástica que responde a intereses comerciales o de diferenciación por parte de las empresas de distribución», no a una demanda de la población. «Es un cambio de imagen que se debe a la gran presión que ejerce el movimiento animalista y vegano», remarca.
Michaela Reischl, gerente de Responsabilidad Social Corporativa de Lidl España, asegura que la apuesta por los huevos de gallinas felices de la compañía se inició en 2013 tras constatar que el rechazo a los huevos producidos en jaulas «era una tendencia creciente en Europa» y porque «la sostenibilidad es un eje fundamental» de la estrategia de la empresa. No fue fácil plantearlo, asegura, «porque la gran mayoría de las gallinas ponedoras seguían estando en jaulas».
De las 43.611.976 gallinas que se criaron en nuestro país en 2016, según datos de ASEPRHU, el 93% (marcadas con código 3) vivían en una jaula; el 4% tenía acceso al aire libre (camperas, código 1); el 2,4% estaba en el suelo de un aviario (código 2) y apenas el 0,6% eran de producción ecológica (código 0).
De las 43.611.976 gallinas que se criaron en nuestro país en 2016, el 93% vivían en una jaula
España, uno de los principales productores europeos de huevos, sacó al mercado ese año 13.000 millones de huevos, 875 millones de los cuales llevaban impresos en su cáscara los códigos 0 y 1 (con acceso al exterior), según datos del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (MAPAMA).
Los huevos libres siguen siendo un pequeño porcentaje de los producidos en nuestro país, aunque sí se aprecia una tendencia al alza en el sector. En sólo un año, se ha duplicado su disponibilidad, tal y como muestran los datos de 2015. De los 12.700 millones de huevos que se produjeron ese año, apenas 365 millones eran camperos o ecológicos; una cifra similar a la de 2013.
Para Alberto Díez, portavoz de la Asociación para la Defensa de los Animales (ANDA), que las cadenas de distribución veten los huevos de gallinas enjauladas tiene una parte positiva: «El bienestar animal por fin es un argumento que se asume». Pero también un lado oscuro que hay que tener en cuenta: «Si el cambio significa que el sector va a pasar de producir huevos de código 3 a huevos de código 2 no supondrá nada».
Las gallinas criadas en este último sistema, aclara, «tampoco tienen acceso al exterior y, en definitiva, puede decirse que están en una jaula colectiva, que puede tener incluso varios pisos». Para el distribuidor, los costes de este sistema son similares al del código 3, «por lo que pueden aprovecharlo para lavar su imagen apuntándose a la consigna de la protección animal».
En su opinión, donde el bienestar animal está realmente potenciado es en el sistema de los códigos 0 y 1 -«e incluso ahí también se dan malas prácticas»-, ya que las gallinas tienen garantizado un acceso durante el día al exterior. «Esa es la auténtica alternativa, pero las compañías sólo se han comprometido a no vender huevos del código 3», lamenta.
La calidad de los huevos es uno de los argumentos que, a menudo, se esgrimen a favor del cambio. Sin embargo, «la gran mayoría de los estudios no han mostrado diferencias significativas» en cuanto a sus características nutricionales, explica Beatriz Robles, especialista en Tecnología de los Alimentos. Hay algún trabajo que sugiere que los huevos ecológicos podrían tener una cierta mayor proporción de sustancias como los ácidos grasos omega 3, añade. Pero, en cualquier caso, «es importante recordar que esas hipotéticas diferencias no se deberían al ambiente en que han sido criadas las gallinas, sino a su alimentación».
Aunque en principio todas las gallinas destinadas a la producción de huevos se alimentan con pienso (de origen ecológico en el caso del código 0), «en teoría las gallinas camperas también tienen acceso a otras fuentes de alimento, como insectos o forraje», añade el también tecnólogo de los alimentos y consultor de empresas alimentarias Miguel Ángel Lurueña.
En España, los huevos son el único producto que refleja en su etiquetado información referente al bienestar animal. Sin embargo, otros países están ampliando esta medida a más alimentos de origen ganadero. En este sentido, Alemania y Dinamarca han adoptado un etiquetado voluntario que identifica, mediante diferentes códigos, cómo ha sido la producción de la carne de cerdo. Esa información, en el caso de Holanda, se da con todos los animales de cría para el consumo humano.
Los estudios no han mostrado diferencias significativas en las características nutricionales de los huevos ecológicos
Dando un paso más, el Gobierno de Suiza anunció el mes pasado la prohibición de cocinar langostas vivas en agua hirviendo. Según la normativa, estos animales deberán ser aturdidos antes de su sacrificio y tampoco podrán ser transportados sobre hielo o agua helada mientras estén vivos.
«Hay una creciente preocupación social por el bienestar animal. De hecho, es esta preocupación la que lleva a algunas empresas a tomar medidas adicionales, más allá de lo que exige la legislación», afirma Lurueña.
El interés por la situación de los animales suele seguir unos mismos patrones de progresión, explica Díez. Primero, nos preocupamos por el bienestar de los animales de compañía, las mascotas que viven a nuestro lado. Después, la sociedad comienza a mostrar sensibilidad hacia otros mamíferos y, finalmente, la empatía se da con otros seres, como los peces.
Pero esa compasión no siempre se traduce en cambios en la alimentación, advierte Díez. Es como si nuestra mente disociara las vacas y los filetes y asumiera que no son lo mismo.
En 2016, un Eurobarómetro especial sobre bienestar animal puso de manifiesto que el 84% de los europeos consideraba que la salud de los animales de granja debía protegerse de mejor forma. Asimismo, un 64% reclamaba más información sobre el modo en que se trataba a los animales estabulados. Sin embargo, aunque un 59% de los encuestados aseguró estar abierto a pagar más por alimentos más respetuosos con el bienestar animal, sólo un 16% se mostró preparado para pagar entre un 6 y un 10% más por estos productos y apenas un 5% dijo estar dispuesto a asumir un coste entre un 11 y un 20% superior. A día de hoy, los huevos marcados con los códigos 0 y 1 pueden llegar a ser el doble de caros que los que presentan los códigos 2 y 3.
«A la hora de la verdad, cuando está comprando, para el consumidor es importante la frescura, el tamaño y el precio de los huevos. Es lo que nos dicen las encuestas que hemos hecho», señala la responsable de ASEPRHU. «Si los intereses de los consumidores cambian, nos adaptaremos, pero lo importante es que sea el consumidor el que elija qué comprar, sin que se modifique la oferta», añade.
Díez está convencido de que la apuesta por una alternativa más respetuosa con los animales en la alimentación beneficiará tanto a consumidores como a productores. Y Moreno sostiene que ya no hay vuelta atrás:«Las nuevas generaciones están más sensibilizadas con problemáticas como el calentamiento global, la insostenibilidad y la crueldad de la ganadería industrial. Y que las principales empresas cárnicas en el mundo estén invirtiendo en sustitutos vegetales a la carne es una muestra de ello».
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