La clave en la fruta pasa por la calidad, constancia, identificación de la marca y comunicación
El responsable del programa de Evaluación de Material Vegetal del IRTA ha coordinado una jornada en Ibercide sobre frutales complementarios
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En: Heraldo de Aragón, Aramon - 19/02/2017
El sector de la fruta dulce está inmerso en una transformación marcada por las economías de escala, la internacionalización o los hábitos de consumo. ¿Hacia dónde van las tendencias? Actualmente, nos encontramos en una situación mucho más complicada que hace 20 o 30 años porque antes la gente que hacía las cosas medianamente bien tenía un futuro, pero hoy en día es todo más difícil. Por especies, la manzana, que ha sido la fruta más importante, ha perdido la mitad de la superficie cultivable por la competencia global. Producimos 430.000 toneladas, pero importamos casi 200.000 porque no ofrecemos la calidad que el mercado demanda. La tendencia en los últimos diez años ha sido ir hacia especies de hueso y, en el caso de España, el 90% de la producción de fruta está en zonas de llanura, como el valle del Ebro, que es donde mejor se adaptan variedades como el cerezo, el melocotón o el albaricoque. ¿Es lógico pensar en especies complementarias a las que hasta ahora habían sido la base tradicional del sector frutícola? En este campo hay muy poca cosa, salvo excepciones como el persimón en Valencia, que ha tenido mucho éxito, pero no creo que sea un cultivo extrapolable fuera de esta región. Nos quedan las especies de siempre, como el melocotón, donde España es el primer productor de la Unión Europea y el primer exportador del mundo y Aragón la primera región productora de España; o el paraguayo, que está ocupando un sitio importante. También se habla mucho de la innovación varietal. ¿Hasta qué punto cuando un agricultor planta algo nuevo dispone de datos correctos sobre su idoneidad a largo plazo? Desde determinados organismos, como por ejemplo el IRTA, tenemos un programa de evaluación y le ofrecemos al agricultor resultados agronómicos. Le asesoramos sobre la variedad que funciona bien y, de esta manera, tiene una garantía más o menos alta de que la nueva planta se comportará con buenos resultados. ¿Y cuándo no hay evaluación varietal? Entonces el productor asume muchos riesgos y es posible que se equivoque en muchos casos y acierte en alguno. Por eso, en un contexto de supercompetitividad el productor para garantizar su futuro no tiene que equivocarse a la hora de plantar. Dentro de este futuro, ¿qué papel ocupan las variedades autofértiles? En los últimos años han supuesto un cambio muy importante, sobre todo en el caso del albaricoquero y el cerezo, porque aseguran una producción más constante, independientemente de las condiciones climáticas. Y si estas variedades son de floración tardía mucho mejor.
El tema de los 'royalties' preocupa mucho a los productores. ¿Qué repercusión está teniendo en la fruticultura del valle del Ebro? En general siempre se ha tenido que pagar, aunque en época de crisis cuesta más. En cualquier caso hay que pensar que el motor de la innovación es la variedad y si no hay innovación no habría mejora genética, pero todo esto tiene un precio. En los últimos años se está produciendo una traslación de las plantaciones a terrenos de mayor altitud. ¿Es el futuro? Si hablamos del manzano, en Italia hace 60 años que lo hicieron y tienen más de 18.000 hectáreas de producción que se están comercializando en España porque tienen una calidad diferenciada. En el IRTA empezamos en 2009 un proyecto de fruticultura en altura con el que damos soporte a Aragón, porque productores catalanes están plantando en el Pirineo o Teruel. El manzano se reposiciona en altura para ganar en calidad como ocurre con la alta manzana aragonesa de Calatayud, donde están haciendo un trabajo fantástico buscando la calidad. ¿Y en el caso del cerezo? También puede ser beneficioso porque se recolectaría el fruto a finales de agosto, lo que permitiría comercializar cereza cuando ya no hay en otros lugares. ¿Qué opina de variedades antiguas como la reineta o la pera blanquilla, que ahora se producen mucho menos? ¿Hay alguna posibilidad de recuperarlas? Salvo excepciones en las que haya un productor detrás que apueste por valorizar el proyecto, es difícil su recuperación. Hoy en día se apuesta por variedades globales más fáciles de producir y comercializar, como el caso de la manzana golden, la gala o la fuji, así como la pera conferencia que se ha comido a la blanquilla. Los consumidores se quejan de la calidad. Frutas que presentan un aspecto impecable y defraudan por su sabor. En estos momentos se está manejando mal la innovación varietal. Se coge la fruta antes de su maduración fisiológica y el resultado es catastrófico, hasta el punto de que cada año baja un 5% el consumo de la pera y la manzana. O el melocotón, que en quince años se ha pasado de consumir 13 kilos al año a consumir 3,5. La gente relaciona la fruta con la salud, pero no come. Podemos ver una manzana o una pera muy bonita, pero si no saben a nada, no las compras. Comes sandía y melón que casi siempre saben bien. ¿Cómo podría evitarse? La clave sería que la cadena de valor acepte las normas y sepa que con algunas variedades hay que recolectar más tarde. Si se hiciera así ganaría el consumidor, que disfrutaría de un mejor sabor; y el productor, que vendería más cantidad. Actualmente nos gastamos mucho dinero en 'royalties' e innovación varietal pero lo gestionamos mal, porque los gestores de los supermercados no quieren problemas y demandan fruta que luego no sabe y, por tanto, no quiere el consumidor. ¿Qué se puede hacer para mejorar esta tendencia? Es fundamental apostar por cuatro conceptos: calidad, constancia, identificación de la marca y comunicación. Pero en el sector de la fruta estos requisitos no se cumplen, salvo algunas excepciones que lo hacen muy bien, como es el caso de empresas de Fraga o La Almunia de Doña Godina.
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