La llegada de carne canadiense por el CETA preocupa a los ganaderos aragoneses
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En: heraldo.es, Digital - 29/05/2017
La semana pasada el Congreso de los Diputados ratificaba con los votos a favor de PP, PSOE, Ciudadanos, PDeCAT, PNV y Coalición Canaria el Acuerdo Económico Comercial y Global entre la UE y Canadá, más conocido como CETA, por sus siglas en inglés.
Este acuerdo, que ya fue ratificado por Bruselas en febrero, busca mejorar y facilitar las relaciones comerciales entre la Unión Europea y Canadá, fundamentalmente eliminando aranceles y mejorando las facilidades de inversión. Sin embargo, su puesta en marcha y sobre todo las medidas que en un plazo de 3, 5 y 6 años se irán instaurando progresivamente, han caído de mala manera sobre parte del sector agroalimentario aragonés.
El principal punto en disputa se encuentra en los modelos de producción de la carne, especialmente el vacuno. En Canadá está permitido el uso de algunas hormonas del crecimiento como la ractopamina o el estradiol, prohibidas en la Unión desde hace años.
Esta diferencia de criterio se basa en el principio de precaución que impone la UE sobre los alimentos, por el cual ningún proceso es aprobado a no ser que haya un consenso científico que ratifique que es inocuo para la salud humana y el medio ambiente. En 2002, y posteriormente en 2008, la UE rechazó por última vez incluir el uso de hormonas en las ganaderías europeas tras la revisión de un comité de expertos de la EFSA, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria.
Ahora bien, y lo que más preocupa al consumidor, ¿llegará ahora esta carne a nuestros mercados desde Canadá?. La respuesta es que no, aunque esto no ha dejado tranquilos a los ganaderos.
En la web que la Comisión Europea ha preparado para presentar el convenio se explica literalmente que "las importaciones de Canadá tendrán que satisfacer todas las leyes y regulaciones de la UE para productos sin excepción. No cambiará cómo la Unión Europea regula la seguridad alimentaria con respecto a productos modificados genéticamente o la prohibición de carne tratada con hormonas", dice el documento, que hace también referencia a los transgénicos, de los que Canadá es el tercer productor mundial.
Sin embargo, el mero hecho de abrir fronteras con Canadá preocupa a algunos ganaderos. El sector vacuno va a ser a la larga el más expuesto. Más allá del tema de las hormonas, allí utilizan modelos de producción menos controlados y por lo tanto más económicos, y de todas formas que digan ahora que no va a llegar carne está bien, pero veremos qué pasa a 10 años vista, comenta Joaquín Solanilla, representante del sector vacuno de Uaga.
Pese a esto, y como contraprestación a la imposibilidad de la llegada de carne hormonada a la UE, Canadá ha introducido en el tratado un principio de acuerdo para exportar hacia la eurozona 59.000 toneladas de carne libre de hormonas sin aranceles durante los próximos años, lo que supondrá una competencia añadida, según mantienen los ganaderos.
Para hacerse una idea, hasta la entrada del tratado Europa solo importaba unas 4.000 toneladas anuales de carne desde Canadá, donde los menores costes de producción no solo van ligados al uso de hormonas en algunos casos, sino también en materias como la sanidad animal; por ejemplo, en la UE el límite que pueden pasar las reses vivas en un camión es de 8 horas, mientras en Canadá es de 48, según explicó la veterinaria del sindicato agrario COAG, Iria Costela, en una reciente intervención en el Congreso de los Diputados.
Los puntos positivos del acuerdo
Aunque todos los sindicatos agrarios coinciden en que es el sector vacuno el que más puede notar estos efectos si no se establecen medidas para su cuidado, en el mundo agrario también se encuentran opiniones que, sin dejar de señalar lo perjudicial, también ven opciones positivas. Ignacio López, director de relaciones internacionales de Asaja, explicaba hace unos meses cuando se cerraban los flecos del acuerdo que el CETA podría tener un potencial positivo para otros productos como los hortofrutícolas.
Esta opinión también se mantiene desde la Asociación de Industrias de Alimentación de Aragón. Hay que partir de la base de que la Unión debe mantener los estándares de seguridad alimentaria porque de lo contrario sería perjudicial para el sector primario. Pero también hay que destacar que se abre un mercado muy importante para la exportación de productos aragoneses que hasta ahora estaba muy cerrado, señala su presidente, Ignacio Domingo.
En este sentido, la llegada de productos españoles y aragoneses también tiene una doble lectura, y es que según han destacado organizaciones agrarias como COAG la ambigüedad del texto -de más de 1.500 páginas- no permite todavía concretar cómo va a afectar del todo el tratado.
Por el momento, Canadá ha reconocido 27 de las 216 Indicaciones Geográficas Protegidas o Denominaciones de Origen que hay en España, entre las que se encuentra por ejemplo el Jamón de Teruel. Esto, según algunas interpretaciones, quiere decir que las que no están reconocidas podrían ser 'copiadas' por empresas canadienses. Sin embargo, otras lecturas aluden que de momento se han reconocido únicamente las que ya habían llegado a Canadá, y que el tratado recoge medidas para que se vayan reconociendo el resto de marcas registradas conforme aterricen en el país norteamericano.
Una relación económica todavía menor
Lo cierto es que hasta ahora la relación comercial entre Aragón y Canadá es muy reducida, especialmente en el apartado alimentario. En 2016 por ejemplo la Comunidad exportó 2,5 millones de euros en carne rumbo a Ottawa, una cantidad menor en comparación a otros países. Por su parte, a Aragón llegó ese mismo año el equivalente a apenas 330.000 euros en alimentos, la mayor parte mariscos
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