La sequía cambia el plan de siembras
Votación: Voto1 Voto2 Voto3 Voto4 Voto5  |  Resultados: voto_okvoto_okvoto_okvoto_okvoto_ok00

En: hoy.es, Digital - 16/01/2018
Aunque pueda parecer paradójico, dadas las fuertes nevadas de los últimos días, la sequía todavía es una asunto de tapada actualidad. Las sequías intensas y prolongadas tienen una consecuencia directa en la campaña en que se sufre, con importantes pérdidas en las cosechas de secano, aumento de los costes en los de regadío y también en la ganadería de extensivo, que tiene que aportar importantes complementos alimenticios para compensar la escasez de pastos.
En algunos casos, como este año, se reduce la disponibilidad de agua de riego, por lo que en los regadíos también se reduce la producción. Además tiene un importante impacto en la siguiente campaña, ya que si las reservas son muy bajas y no se prevé un aumento sustancial de la pluviometría, el agricultor se ve obligado a sustituir rentables cultivos de riego por otros más resistentes a la sequía pero de mucha menor rentabilidad. Una alternativa del agricultor nada fácil basada en el riesgo y la decisión.
Esto es exactamente lo que está sucediendo en España. Las reservas disponibles en nuestros embalses ya están por debajo del 39% de media frente al 51% del año pasado por las mismas fechas, lo que también ha generado una sequía hidrológica (restricciones de riego en determinadas cuencas hidrográficas). Esta situación puede hacer que muchos agricultores decidan este año no sembrar cultivos como el arroz, el maíz o productos hortícolas, entre otros. Los cultivos sustitutivos serían, por ejemplo, el trigo, cebada, girasol o colza. Una decisión que también afectaría a los productores de estas alternativas al regadío, que verían la amenaza de un aumento de producción nacional, con la consiguiente presión a la baja en los precios.
Por otro lado, de seguir la sequía, la campaña de riego se va adelantar en muchas zonas, pudiendo comenzar en marzo, e incluso en febrero. En este posible y no improbable contexto climatológico, el caso más sensible es quizás el maíz, un cultivo de altas necesidades hídricas y que este año ya ha visto como en algunas zonas ha sido necesario reducir el riego. Esto ha llevado a una caída de productividad, que ha pasado de doce a catorce toneladas por hectárea a solo cuatro o cinco.
Otros cultivos que también están en riesgo son los leñosos, en aquellas zonas donde se puedan aplicar restricciones de riegos. La plurianualidad de estos cultivos y las altas inversiones que implican estas plantaciones hace inviable desde una perspectiva microeconómica la pérdida generalizada de ejemplares arbóreos.
Otro efecto indirecto que puede tener la migración de cultivos es la entrada de producto de otros países y, sobre todo, que consiga fidelizar a los operadores. Esta circunstancia obligaría a recuperar la posición de mercado en campañas venideras, un reto que no suele ser sencillo y que debilita la posición de nuestros productos.
Un indicador de la gravedad de la situación son los cuarenta millones de euros en indemnizaciones que percibirán los agricultores y ganaderos extremeños por pérdidas en sus producciones aseguradas en este presente año.
Ahora solo queda esperar que estas amenazas se queden solo en eso, y que las borrascas de nieve y agua equilibren el déficit pluviométrico de Extremadura, que a finales de diciembre llegaba ya al 70%, el peor otoño desde la década de los cincuenta en el caso de Badajoz, y de los ochenta en Cáceres.
Todo esto en el marco de una preocupación social que va más allá del sector agrario, ya que entre el 70-75% del consumo de agua se realiza en la agricultura, por lo que los consumidores ven con recelo al sector agrario, como una amenaza al consumo, no solo de boca, sino para mantenimiento de zonas verdes y azules.
Compartir: