Los nuevos regadíos de Egipto golpean el mercado europeo de las naranjas
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En: elmundo.es, Digital - 28/08/2017
Eleva un 66% las ventas a la UE en un lustro y planea transformar parte del desierto en cultivos
Su agresiva política de precios le ha abierto las puertas de la UE y China
El plan del Gobierno es irrigar 630.000 hectáreas para su cultivo al sur del Nilo
España domina desde hace décadas la citricultura europea. Entre los diez principales productores del planeta, las explotaciones valencianas, andaluzas y murcianas inundan de naranjas y clementinas el mercado comunitario. La supremacía nacional es incuestionable, pero está sujeta a los vaivenes de un mercado global, que ha situado a Egipto como principal elemento desestabilizador. En apenas un lustro, el país africano se ha consolidado como el mayor proveedor mediterráneo ajeno a la UE.
Sus exportaciones no han dejado de crecer (un 66% desde 2012) y lo harán aún más si prospera el plan de la cúpula militar que dirige la nación, con el que se pretende ganar al desierto 630.000 hectáreas para transformarlas en campos de regadío y frutales.
Tras la inestabilidad política derivada de la primavera árabe, el Gobierno liderado por el general Al-Sisi ha retomado el Proyecto Toshka, un programa de inversiones faraónico para construir un sistema de canales capaz de llevar el agua del lago Nasser hasta el mismo Sahara. La idea, no obstante, es que el 80% de las tierras recuperadas se rieguen con acuíferos subterráneos, por lo que el plan contempla la perforación de más de 5.000 pozos. Los primeros 600 ya están en marcha en zonas como Wadi Moghra, Toshka y el Oasis Farafra. De acuerdo con este proceso, el Ejecutivo abrió la subasta de las primeras 210.000 hectáreas en octubre de 2016 y 36 grandes exportadores y productores hortofrutícolas presentaron sus ofertas. El mecanismo de venta beneficia a los grandes operadores porque las parcelas disponibles son enormes. Oscilan entre las 840 y las 42.000 hectáreas.
Según explican desde el Comité de Gestión de Cítricos (CGC), la patronal que aglutina a los principales productores privados en España, con el Plan Toshka se pretendía buscar «una solución al déficit alimentario que sufre la población», por lo que en principio las nuevas áreas agrícolas iban a dedicarse al cultivo de maíz y trigo. «Pero como se requiere de inversión privada y desde el Gobierno se prima la exportación, es previsible que la mayor parte termine en manos de grandes operadores hortofrutícolas y citrícolas», advierten. Las sospechas no son infundadas. En el sector se tiene constancia de que un gran exportador ha solicitado 6.600 hectáreas para destinar el 30- 40% a las naranjas.
Aunque este ambicioso proyecto aún está lejos de convertirse en una realidad, Egipto está ganando la partida al resto de competidores de su entorno. Con un crecimiento importante y una producción focalizada casi en exclusiva en la naranja, ha superado a Turquía en volumen de ventas a la UE -tradicionalmente el mayor proveedor de cítricos del área-, y también a Marruecos, cuyo peso específico se centra en las clementinas. Si cerró la campaña citrícola 2012/13 con 180.457 toneladas exportadas a Europa, rozó las 270.000 el pasado año.
Las expectativas para esta temporada son todavía más halagüeñas. En mayo ya había superado con creces la marca de 2016 y le basta con repetir las cifras de comercialización en el último trimestre para rebasar las 300.000 toneladas en el seno de la UE.
A diferencia de Sudáfrica, otro de los grandes socios citrícolas de la Unión, la cosecha egipcia coincide en tiempo con la española y por tanto se introduce en el mercado comunitario en la segunda mitad de la temporada citrícola (entre enero y abril), lo que produce interferencias en algunos segmentos del mercado.
El Comité de Gestión de Cítricos atribuye en gran medida el éxito del producto egipcio (mayoritariamente naranjas de las variedades Valencia y Navel) a una «política agresiva de precios». No sólo el coste laboral es menor que en Turquía y Marruecos -una hora de trabajo en España equivale a una jornada entera en Egipto-, el Gobierno local también utiliza la política monetaria para favorecer las exportaciones a través de sucesivas devaluaciones de la libra. Las diferentes exigencias en el uso de fitosanitarios para el control de plagas ahondan en esta suerte de competencia desleal, que se extiende, además, más allá del territorio comunitario. «La buena campaña de la naranja española en China [que ha pasado de 12.500 toneladas a alrededor de 20.000] se vio truncada por la irrupción de la oferta egipcia», lamentan desde el Comité de Gestión. Del mismo modo, Egipto, séptimo productor mundial de naranja -España es el sexto- también se ha beneficiado del veto ruso a los productos comunitarios, ocupando gran parte del mercado que antes copaban los operadores españoles.
A juicio del CGC, la laxitud de Bruselas en materia arancelaria no se justifica en el caso de esta nación africana, ya que la actividad agrícola no está contribuyendo al desarrollo de las clases más desfavorecidas del país. Por el contrario, «se concentra en manos de unas pocas empresas que comercializan la producción de sus inmensas fincas».
Según la información que ha recabado el sector, un sólo operador, Frutella, aglutina 12.120 hectáreas, 3.000 más que Martinavarro, el mayor productor español, en todo el mundo. No se trata de un caso aislado. Agreen dispone de dos fincas que suman 6.500 hectáreas y ha solicitado más en el plan de expansión del Nilo. Es el principal exportador, con más de 125.000 toneladas, seguido de Gebaly Fruit Company, que vende alrededor de 100.000 fuera del país.
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