Mala Vida Blanco, Bodegas Antonio Arráez
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En: levante-emv.com, Digital - 15/06/2017
Las uvas blancas han tenido de siempre un papel preponderante en el territorio de la DOP Valencia. En la subzona del Alto Turia, en el extremo nororiental de la provincia, pocas se atreven a competir con la Merseguera, o Verdosilla, en unas tierras agrestes, de cumbres elevadas y valles estrechos, donde la vid se cultiva entre 700 y 1.100 metros de altitud. Ésta es una casta rústica muy resistente a la sequía, con bayas de piel gruesa, que tardan en madurar al ser una varietal de ciclo largo. Solo aquí, en este clima de montaña, desarrolla su personalidad más frutal y delicada. El estilo fresco, ligero y frutal de sus vinos se ha utilizado de manera tradicional para ensamblarlos con los de otras variedades de uva. Más próxima al mar se cultiva la Moscatel, una uva tan importante en esta DO que tiene su propia subzona, siendo uno de los cultivos principales en municipios como Godelleta, Turís o Cheste y con vestigios de un pasado reciente en Montserrat, Montroi y Real, aunque también se cultiva en Ontinyent. Según los expertos, la vid de la Moscatel es cultivada por la humanidad desde tiempos pretéritos. Procedente de Mesopotamia, se extendió a través del Mediterráneo por ser de sabor único, dulce, aromática y polivalente, apta para consumir tanto en fresco como en forma de pasas (las mejores), y para elaborar vinos secos, dulces, de licor, espumosos y aromatizados. La Verdil es la principal uva blanca autóctona de la subzona Clariano, el viñedo más meridional de la provincia, situado entre las comarcas de La Vall d'Albaida y la Costera. Una casta difícil de trabajar ya que si se recoge verde queda ácida y desposeída de carácter frutal y si madura en exceso da elevado grado y color subido, por lo que se ha de prestar especial atención a su momento de vendimia para conseguir sus recuerdos característicos a fruta blanca y su nervio.
El enólogo Antonio Arráez, tercera generación de bodegueros en la población de La Font de la Figuera, ha sido el responsable de la modernización de la empresa familiar en esta última etapa con un serio cambio en el estilo de sus vinos y en la estética de su presentación. La estrategia comercial emprendida por la compañía ha diseñado una interesante gama de vinos que han calado entre la juventud. Su tinto más famoso es el Mala Vida, al que ahora se une el Mala Vida Blanc, en el que se ha realizado un ensamblaje único con estas tres castas blancas típicas del viñedo que se cultiva en Valencia. Es de color amarillo pálido con reflejos verdosos, aroma con notas amoscateladas, cítricos (corteza de naranja) y fruta exótica. De paladar ligero, fresco, herbáceo, con cierta untuosidad, agradable y fácil de beber, sin complicaciones. Un estilo desenfadado que ha sabido conectar muy bien con el consumidor más joven.
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