Mujeres que derriban barreras en el mundo rural
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En: eleconomista.es, Digital - 23/03/2018
Tres mujeres de distintos ámbitos nos explican cómo ven el papel de la mujer en el medio rural tras la celebración de un 8 de marzo muy especial.
La igualdad se gana con grandes cambios y con pequeños pasos que a veces son imperceptibles, pero que rompen barreras que estaba ahí y que parecían inmutables. Cuando Jerónima Bonafé, presidenta de la cooperativa Frusebal SCL quiso cambiar el horario de las reuniones del consejo del rector que habitualmente era a las 20 horas o 21 horas por otro más acorde con la conciliación laboral, casi sin pretenderlo estaba contribuyendo a abrir una nueva conquista en favor de la mujer.
Unos días después de la celebración del Día Internacional de la Mujer hemos hablado con varias mujeres que desarrollan su trabajo en el medio rural para que nos cuenten su experiencia y cómo es la situación de la mujer en el campo. "Para mi este último 8 de marzo fue muy especial porque se le dio una relevancia que hasta ahora no había tenido, creo que ha marcado un antes y un después ya que notamos que éramos más visibles, importantes y reconocidas que en años anteriores", nos explica Jerónima Bonafé, presidenta de AMCAE, Asociación de mujeres de Cooperativas Agro-alimentarias de España. A pesar del éxito de esta jornada, todavía queda mucho trabajo por hacer. Entre los retos pendientes está que las mujeres estén más representadas en los órganos de decisión del medio rural. "Se ha trabajado mucho en este sentido, pero todavía hay poca presencia de mujeres al frente de las organizaciones agrarias, los consejos rectores de las cooperativas y las principales empresas del sector agroalimentario", comenta Bonafé.
Un objetivo que María Antonia Vieyra Prieto, agricultora en Valdefuentes del Páramo (León), en la imagen inferior, también considera fundamental alcanzar "Es muy importante fomentar y apoyar que las mujeres ocupen cargos en los ayuntamientos, sindicatos y asociaciones, en mi pueblo ya está sucediendo, pero sería deseable que esta situación se extendiera aún más", señala esta remolachera.
Romper estereotipos Esta remolachera que también cultiva trigo, maíz y alubias en León piensa que aún queda mucho por trabajar en la percepción del papel la mujer en el medio rural. "Lo primero que debemos cambiar es la mala imagen que se difunde de las mujeres en los pueblos y romper con viejos estereotipos del trabajo del campo". Para María Antonia es primordial "concienciar a la sociedad de la calidad de vida de los pueblos no solo en el trabajo sino en lo económico". Retos, también, a los que debemos sumar el "promover entre las mujeres la utilización de nuevas tecnologías en maquinaria", añade esta remolachera leonesa que entrega su producción en Azucarera.
Jerónima Bonafé también señala que queda una conquista muy importante por alcanzar: "Que no haya una mujer sin cotizar en el campo". Todavía es muy habitual que las mujeres trabajen en las explotaciones, pero no coticen, "es un principio básico para que todas aquellas que estén trabajando en el campo se queden en el y tengan su propia independencia económica", apunta, la también miembro del Consejo rector de Cooperativas Agro-alimentarias de España. Bonafé denuncia que, todavía persiste en el medio rural la idea de la mujer como la persona encargada del cuidado de la casa, los niños y los mayores, un papel que poco a poco se va cambiando.
Un ejemplo es Laura Diego Meliveo, directora de la Azucarera de Toro, en la imagen inferior, una de las factorías más importantes de nuestro país que lleva en esta empresa desde el 2002. En su carrera profesional, Laura, nunca ha sentido que se lo hayan puesto más difícil por ser mujer. "Entré en el Departamento de I+D donde había un alto porcentaje de mujeres y desde el principio he sentido que las oportunidades se han dado siempre en base al talento de la gente con independencia de su género. Me gustaría que el número de mujeres en fábrica aumente y estoy segura que sucederá en un futuro no muy lejano porque afortunadamente ya lo estamos viendo".
María Antonia Vieyra comenta que antiguamente las mujeres desempeñaban el trabajo manual, no estaban tan involucradas en la parte técnica del trabajo. "En la actualidad, las mujeres lo mismo trabajamos con el tractor, que gestionamos todo el papeleo, o elegimos qué variedades de semilla se siembran y cuándo es el mejor momento para la cosecha".
Estas mujeres han tenido que romper estereotipos y abrir nuevos caminos. "Te metes en un mundo que es machista y difícil de cambiar y al principio les cuesta entender que te puedas dedicar a lo mismo en lo que trabajan ellos". Según cuenta Jerónima Bonafé, la tratan con respeto y reconocen lo que vale, pero admite que a veces no es fácil moverse un mundo de hombres. "En ciertos momentos te ven como una amenaza porque si buscas promover la presencia de más mujeres en los órganos de dirección eso supone el quitar a un hombre", explica. Laura Diego nunca ha percibido ningún tipo de discriminación. "Debo confesar que fuera del trabajo lo único que me molesta un poco y que sin duda estamos cambiando es cuando, al manifestar que trabajo en Azucarera la gente responde, ¿dónde?, ¿en el laboratorio?" Al margen de esto, se considera afortunada pues no ha sentido discriminación alguna y considera que ha tenido las mismas oportunidades que otros compañeros.
La brecha salarial, un problema muy importante en las ciudades, no parece ser la tónica predominante en el campo. "En las cooperativas no existe brecha salarial, hay unos convenios que se respetan y en ellos no hay diferencia, algo que es de agradecer, comenta Bonafé. Un aspecto en el que también coinciden tanto Antonia como Laura.
Discriminación positiva Sobre la discriminación positiva, Bonafé, no es muy partidaria de utilizarlas ya que al final se trata de imponer, "pero lamentablemente, a veces, no queda otro remedio que aplicarlas ya que son el último recurso cuando se han agotado todas las demás vías".
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