No siempre es carne todo lo que reluce
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En: abc.es, Digital - 22/05/2017
Hace nada menos que 15 años que la empresa de productos cárnicos de Burgos, Eurofrits, elaboraba productos de muy baja calidad vendiendo, por ejemplo, hamburguesas o albóndigas de carne de vacuno cuando además contenían otro tipo de carne animal (porcina), soja o alimentos procedentes del pan. El resultado era un producto cuya etiqueta aseguraba la presencia de ternera cuando en realidad era menor al 25 por ciento. En el marco de la operación «Catering», la Unidad Central Operativa de Medio Ambiente (Ucoma) dependiente del Seprona descubrió este fraude alimentario de alcance nacional que llevó a poner a disposición judicial a 14 personas por delitos de estafa y contra los derechos de los consumidores. La empresa, según los datos constatados de la Guardia Civil, llevaba tres años generando unos beneficios de dos millones de euros anuales vendiendo un producto en todo el territorio nacional más caro de lo que debería por su supuesta buena calidad.
Al no existir riesgo para la salud pública (como sí sucedió con los lotes de atún con presencia de histamina, por ejemplo), no se inmovilizó la mercadería, pues los ingredientes usados eran seguros y legales. El problema era que no constaban en la etiqueta. «Al no advertirse riesgo para la salud humana no se inmoviliza la mercadería. Ello no implica que la investigación siga su curso, se analicen, por ejemplo, los estabilizantes y pueda haber un delito contra la salud pública, pero a día de hoy, no lo hay», explica a ABC, la cabo Ana Prieto, de la jefatura del Seprona, que señala además que el fraude alcanzaba a hamburguesas, albóndigas, etc.
No todos los ingredientes son legales La detección de fraudes reside en las comunidades, pero Agricultura y Sanidad también ejercen control El consumidor, ante situaciones como esta, tiene en la etiqueta el «arma» para saber lo que está comprando. «El etiquetado corresponde a un "contrato" entre el operador y el consumidor. Hay unas normas para hacerlo y es responsabilidad del operador alimentario poner a disposición del consumidor un producto seguro de calidad tal y que responda a lo indicado en el etiquetado», explican fuentes del Ministerio de Agricultura. «Autorizado por ley, todo ingrediente, por pequeña cantidad que contenga un producto cárnico, debe estar reflejado en la etiqueta», agregan fuentes de la interprofesional de la carne de vacuno, Provacuno. Para ello, las empresas se rigen por las disposiciones del Reglamento 169/2011 del Parlamento Europeo que define perfectamente cómo debe etiquetarse el producto para proporcionar información verídica al consumidor respecto a cada uno de los ingredientes que lo componen. En su artículo 17 establece la obligatoriedad de incluir una denominación «legal» del alimento y en el 18, la lista de ingredientes que contiene. «En ella se incluirán todos los ingredientes del alimento, en orden decreciente de peso, según se incorporen en el momento de su uso para la fabricación del alimento», señala el reglamento.
Proteínas, azúcar y sulfitos
La legislación obliga, no solo a incluir todos los ingredientes sino que también establece límites para su inclusión en algunos casos. Por ejemplo, para el caso de la carne picada, el reglamento europeo limita el uso de grasa a un porcentaje del 20 por ciento o de proporción entre colágeno y proteína del 15. Aparte de esta normativa sobre etiquetado, los derivados cárnicos en España también están regulados (entre otros) por el Real Decreto 474/2014 que permite la inclusión de algunos de estos ingredientes: especias; agua; vinos y licores; grasas y aceites comestibles; harinas, almidones y féculas de origen vegetal (máximo 10 por ciento); proteínas lácteas y proteínas de origen vegetal (máximo 3 por ciento); azúcares solubles (5 por ciento) y gelatinas. Por ejemplo, la inclusión de sulfitos en la carne picada está terminantemente prohibida salvo para el caso de la llamada «burguer meat» (producto de carne picada, que contiene cereal y hortalizas).
El fraude equino No es la primera vez que se desmantelan graves fraudes alimentarios. En abril, la Guardia Civil también descubrió una red que comerciaba con carne de caballo no apta para consumo humano. En este caso, dicha carne no llegó a España pero sí se vendía en Bélgica, Italia, Holanda, Rumanía y Francia. En el centro de la operación había un holandés vinculado con otro gran fraude equino ocurrido a nivel europeo en 2013. A medidados de enero de ese año, estalló un escándalo por la venta de carne de caballo como si fuera ternera. Los primeros casos se dieron en Irlanda pero se descubrió que el fraude llegaba a varios países de Europa.
Fuentes de Provacuno piden «que se refuercen los controles de la Administración cuando se haya producido alguna incidencia y que se endurezcan las sanciones, para que al final cumplan una función disuasoria».
Los encargados de evitar fraudes como el de la empresa de Burgos son «las comunidades autónomas. El Ministerio de Agricultura coordina que la norma sea homogénea en todo el estado español», defienden desde el ramo. Pero también Sanidad tiene algo que decir en cuanto al buen funcionamiento de las empresas (higiene, seguridad alimentaria y trazabilidad).
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