Nuevos aires para la ganadería gallega
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En: abc.es, Digital - 13/06/2017
Trabajar de lunes a domingo y volver a empezar. Levantarse temprano para dar de comer a los animales. Estar todo el día de aquí para allá reparando, sembrando y recolectando. La vida del sector ganadero es una vida centrada en los animales todos los días de la semana. Desde hace años las explotaciones van pasando de generación en generación, pero los jóvenes no siempre quisieron quedarse en ellas. Pese a esto, en la actualidad parece que aquí son muchos los que encuentran una nueva posibilidad o que directamente quieren continuar con una profesiónque se convirtió en el modo de vida de su familia.
Las explotaciones familiares son la forma más común de que los jóvenes conozcan este mundo. Este es el caso de María Manteiga, y Manuel Pereiro, dos chicos de 21 años que trabajan en su explotación familiar. «Yo vivo desde pequeña en este mundo y siempre me gustó», afirma María que llevaba en la explotación de vacas lecheras desde muy niña y decidió continuar. Según relatan los dos jóvenes, ambos continúan porque les apasiona este sector. Pero esta profesión no es fácil, las labores que tienen que llevar a cabo son, como Manuel explica, «muy esclavas».
Opción de futuroAunque estos jóvenes comenzaron por el amor a este mundo, María Jesús Chenel llegó al sector a través de su marido, que heredó la explotación familiar de vacas de carne de sus padres. Tras dejar su trabajo anterior en un gimnasio comenzó a ayudar a su pareja con las actividades que requería la explotación y vio aquí una oportunidad. Sin embargo, cuando se habla de iniciarse en una explotación, no siempre es el amor por este trabajo lo que hace que muchos tomen este camino. «Si hubiese otro trabajo la mayoría no lo escogería, pero no hay a dónde ir» afirma Manuel. Para él, esta salida laboral se toma de manera desesperada pero, en cambio, María continúa estudiando una Ingeniería agrícola y agroalimentaria y en cuanto tuvo ocasión pidió las ayudas necesarias para incorporarse. María Jesús también ve el lado positivo a la ganadería, pues le permite pasar más tiempo con su hija.
Los trabajos que realizan no son para todo el mundo. María Jesús explica que en su día a día tiene que «ir las cuadras, limpiarlas, echarles de comer a los terneros, recoger la hierba o el maíz. Siempre hay cosas que reparar, máquinas o preparar la huerta, para plantar más cosas o cuidar las que ya están y regarlas». Todo esto para conseguir un sueldo a fin de mes que cubre lo necesario, pero no da para grandes caprichos. «Vivimos sin preocupación económica porque podemos pagar las facturas y nos da para ir a tomar una caña por ahí, no hay problema. No es tampoco para tirar cohetes» remarca. Manuel, por su parte, asegura que «llega para vivir de forma aceptable pero para el trabajo que es, no está pagado como debería».
ImpulsosLas ayudas son fundamentales para que las explotaciones prosperen y en muchos casos, los ganaderos puedan iniciarse. En este último año fueron 520 los gallegos que tomaron las riendas de una explotación a través las subvenciones de Medio Rural, entre las que destacaron las explotaciones cárnicas y lácteas, como es el caso de María. Otros como Manuel, consiguieron las ayudas a través de fondos europeos. Una vez dan el paso como ganaderos deben realizar un curso de formación para acreditar que están suficientemente capacitados en los diferentes aspectos relacionados con el sector primario y el cuidado eficaz de los animales y los productos que manejan.
La situación que atraviesa el sector en la actualidad no es la mejor, María afirma que «son momento difíciles con el fin de las cuotas, no se sabía muy bien si iba a aumentar o bajar la producción y los precios son muy oscilantes». Pese a esto, sigue decidida a que su futuro esté en la explotación familiar, algo que también aseguran Manuel y María Jesús, que quieren crecer poco a poco y ampliar el número de animales que ahora mismo tienen para conseguir más beneficios.
Las solicitudes de ayudas del plan de incorporación al agro promovido por la Xunta dan cuenta de esta tendencia, la del regreso al campo, que en los últimos dos años ya ha captado a 1.300 menores de 41 años en la Comunidad. En lo que va de 2017 fueron 540 los inscritos, una «cifra histórica» que se suma a los cerca de 700 que formularon la petición el pasado año.
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