Pico, la Santorini portuguesa
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En: elmundo.es, Digital - 08/06/2016
Son pocos los españoles que desconocen la existencia de las Islas Azores: desde allí, según el hombre o la mujer del tiempo de la televisión, nos invaden gran parte de las borrascas que llegan a la Península Ibérica. Pero son bastantes menos los que las han visitado o los que han oído hablar de sus vinos, el 80% de ellos ubicados en la Isla de Pico y cuyo viñedo es Patrimonio Natural por la UNESCO desde 2004. El paisaje vitícola de esta isla azoriana, la segunda en extensión del archipiélago con solo 445 kilómetros cuadrados de extensión y una población aproximada de 14.000 habitantes, se asemeja algo a Lanzarote, pero su carácter atlántico, se encuentra a 1.600 kilómetros de la costa lisboeta, es más marcado.
Las cepas hunden sus raíces en piedras basálticas y, frente a las barreras de piedra individuales de Lanzarote, aquí se protegen con un amplísimo entramado de piedras que forman una especie de corral y que allí denominan currais o curraletas. Con semejanzas a otros paisajes vitícolas insulares europeos, Pico recuerda, y mucho, a la Santorini griega.
Los viñedos de Pico, al igual que los de Madeira y muchos de Canarias, datan del siglo XV. Se extienden por un total de 987 hectáreas cerca de Madalena, capital de la isla, bajo la imponente presencia de su montaña, llamada de manera poco original Montaña do Pico y con una altura de 2.351 metros. La variedad más común es la verdelho, idéntica a la de Madeira, a la que también acompañan la terrantez do Pico, muy distinta de la madeirense y probablemente procedente del área portuguesa de Dão, y el arinto das Açores, muy diferente al de Bucelas. Parece que los primeros clones llegaron desde Sicilia de la mano del fraile franciscano Pedro Gigante y, al contrario, que en Canarias, la filoxera alcanzó la isla en 1857, tras un enorme brote de oidio tres años antes, y diezmó buena parte del viñedo, que cuenta ahora con una edad media envidiable de 70 años.
La isla de Pico surge como salida del mar en un contraste de colores que van desde el rojo al violeta, el púrpura, distintas tonalidades de verde, el negro de las piedras volcánicas y los azules del cielo y el mar que se mezclan con los grises cuando las nubes se expanden, aunque las lluvias son poco continuas, y el viento, el gran enemigo del viñedo, tuerce el rabo. Y, sobre ella, siempre omnipresente la Montaña do Pico que es mudo testigo del faenar de los pescadores artesanales, del deambular de las vacas lecheras y de la madurez silenciosa de sus uvas rodeadas por el interminable laberinto de los currais.
En Portugal ocurre con Pico, como en España con los vinos canarios. Son unos perfectos desconocidos. Y la verdad es que merece la pena probarlos, ya que son singulares, curiosos, diferentes y de calidad notable, sin llegar, eso sí, a la excelencia de sus compañeros de Madeira. Sin embargo, los productores locales, reunidos la mayoría de ellos en torno a la Cooperativa Vitivinícola de la Isla de Pico, han comenzado a dar a conocer sus vinos, tanto en Portugal como en España, en este caso en la última edición de Alimentaria, en Barcelona.
La cooperativa abrió sus puertas en los años 50 del pasado siglo y cuenta en la actualidad con 220 socios que aportan uva para elaborar cerca de medio millón de litros que van desde el popular vino de cheiro, producido con la casta híbrida americana, de la familia vitis labrusca, isabel o isabela, también conocida en Uruguay como frutilla, por su característico aroma y sabor a fresas, a los licorosos secos y dulces, además de algunos tintos de castas foráneas como cabernet franc, cabernet sauvignon, merlot, pinot noir o chardonnay, que no aportan demasiado a su imagen de originalidad.
Quizás el mejor vino de la cooperativa sea su Lajido Licoroso Reserva Doce 2004, un vino bastante untuoso con notas de caramelo, avellanas tostadas, cáscara de naranja, uvas pasas, higos confitados y gran complejidad donde destaca su excelente acidez y su largo final.
Su Lajido Licoroso Seco 2002 es un vino que recuerda más a los olorosos jerezanos con aromas de frutos secos y toques salinos yodados. En boca es fresco y se repiten los mismos aromas que en boca, con claro predominio de los tonos salinos y algo de pan tostado con mantequilla.
De corte muy diferente es su Frei Gigante 2014, un corte de arinto, verdelho y terrantez. Es un vino muy perfumado con notas cítricas de naranja, pera madura, ahumados, minerales y tonos salinos que le otorgan elegancia. En boca es untuoso, frutal, con buena acidez y final seco.
Además de las cooperativas, hay otras aventuras empresariales importantes en la isla como Curral Atlantis, que elabora anualmente alrededor de 70.000 botellas con uva de producción propia y otra adquirida a viticultores de Pico. Se trata de un proyecto del que participa desde 1998 el enólogo Paulo Laureano, con base en Alentejo. Sus vinos se comercializan con la etiqueta de Indicación Geográfica de Açores y cuenta con un excelente Curral Atlantis Arinto do Açores 2014 que es un compendio de fruta tropical, tonos cítricos, gran frescura, tonos salinos...untuoso, poderoso y elegantemente frutal.
Curral Atlantis Verdelho/Arinto dos Açores 2014 es una perfecta mezcla en la que sale a relucir el carácter más redondo y untuoso de la verdelho con la acidez de la arinto. El resultado es una mezcla de fruta tropical con cítricos maduros y una boca llena de frescura.
Czar Licoroso Superior Doce 2009 pertenece a la pequeña bodega de Fortunato García y debe su nombre al amor que los zares rusos tenían por este tipo de vinos. Se trata de un vino muy original y de aromas exóticos donde predominan notas de resina de pino, frutas escarchadas, té verde y final salino. Untuoso, complejo, goloso, atractivo, divertido y, sobre todo, diferente.
La Açores Wine Company es otra de las pequeñas empresas que sorprenden con un vino, el Arinto dos Açores by António Maçanita 2014, enólogo afincado también en Alentejo, que hace sus pinitos con este vino que es un canto a la frescura, muy marcado por los tonos cítricos y las notas salinas. En boca es salino, cítrico y con un final tan agradable como persistente.
Y es que merece la pena visitar las Islas Azores, un paisaje más cercano al de Galicia, incluso al de las islas británicas que a Madeira o Canarias y con unos vinos diferentes, originales, complejos y con un punto de exotismo que los hace atractivos.
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