Por qué las semillas de soja son el cultivo del siglo
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En: expansion.com, Digital - 26/06/2017
Las plantaciones a las afueras de Mohall, en Dakota del Norte (Estados Unidos), eran hasta hace poco un collage del azul de los campos de lino, el amarillo de los girasoles y el ámbar del trigo. Ahora, la uniformidad del verde ha sustituido a esa amalgama de colores.
De este nuevo paisaje son responsables agricultores como Eric Moberg, que esta primavera decidió plantar miles de acres de semillas de soja. "Ya representan un tercio de nuestras tierras", explica. Sus plantaciones, ubicadas en la frontera con Canadá, representan un cambio mundial en el suministro de alimentos. Desde que en los países emergentes de Asia se consume más pollo y cerdo, las semillas de soja sirven de alimento a estos animales y su cultivo se ha extendido a un ritmo más rápido que cualquier otro.
Pero este año en concreto podría ser un punto de inflexión, dado que las semillas de soja podrían superar al maíz como el cultivo más extendido de EEUU, según los analistas.
Crecimiento imparableLa soja crece ahora mismo en el interior de la sabana brasileña, en la pampa argentina y en el interior de EEUU. En el último año, las cosechas han sido lo suficientemente grandes para aportar considerables beneficios a las economías de Brasil y EEUU.
En la próxima década, esta planta oleaginosa ocupará un total de diez millones de kilómetros cuadrados -una superficie superior a mil millones de hectáreas- en todo el mundo. Según el Departamento de Agricultura de EEUU, su crecimiento será superior al del maíz, el algodón, el arroz o el trigo.
El triunfo de los cultivos de soja se debe en parte al aumento de los ingresos en China. Las importaciones del país se han triplicado en la última década hasta un total de 93 millones de toneladas el próximo año, lo que equivale a un consumo de 66 kilogramos por persona al año.
Según el Consejo de Exportación de Soja de EEUU, delegados del Ministerio de Comercio de China acudirán el mes que viene a Iowa, uno de los estados donde se cultiva más soja, para firmar un acuerdo que podría suponer una compra sin precedentes.
La demanda mundial de productos como el trigo ha aumentado a la par que el crecimiento de la población, un 1% al año. El consumo de soja se ha acelerado a un ritmo del 5% anual, superando al maíz.
Los consumidores saben que la soja es un producto muy versátil, con la que se hace tofu y aceite para cocinar.
En realidad, la popularidad de la soja se debe sobre todo a su elevado contenido proteico. Los pollos, cerdos y el pescado que se alimentan con soja engordan más rápido.
"Es la única proteína real que contiene todos los aminoácidos esenciales para que nuestra alimentación sea completa. Esa es la ventaja de las semillas de soja", explica Soren Schroder, consejera delegada de Bunge, la mayor empresa procesadora de semillas oleaginosas del mundo.
El consumo de soja en los mercados emergentes del sureste asiático y de Oriente Medio es imparable.
Pero, sin duda, los cambios en la dieta de China han sido los principales responsables de su crecimiento. Las previsiones apuntan a que China importará 121 millones de toneladas de semillas de soja en una década, un aumento del 30% con respecto a los niveles actuales.
En 1989, cuando se abrió el primer Kentucky Fried Chicken (KFC) en China se consumían, de media, 20 kilogramos de carne al año. Casi tres décadas después, con una renta per cápita mucho mayor, los ciudadanos chinos consumen una media de 50 kilogramos de carne al año.
KFC ahora tiene 5.000 restaurantes en el gigante asiático y este año abrirá unos cientos más.
La población urbana, que crece a un ritmo de 20 millones al año, por encima de la media del país, es la que ha dado un impulso a esta tendencia, ya que su consumo de carne es mayor.
"Comemos carne a diario. Es casi un consumo excesivo. Cuando era joven, no teníamos frigorífico en casa y sólo consumíamos carne una o dos veces por semana". explica Ahmat Barat, un taxista de 41 años de Urumqi, la capital de la región de Xinjiang, al noroeste del país.
Para saciar este apetito, la agricultura animal en China ha pasado de ser un negocio modesto a uno industrial.
Los datos oficiales muestran que las granjas de aves a gran escala crecieron de dos tercios a más del 90% en China y que las granjas de ganado porcino han pasado del 16% al 50% entre 2005 y 2015.
Las compañías que han surgido en el sector de los piensos para animales han logrado que los magnates del país se embolsen grandes fortunas. Bao Hongxing, consejero delegado de Twins Group -el principal productor chino de pienso para cerdos- posee un patrimonio cercano a los 1.800 millones de dólares.
Como consecuencia del aumento de las ventas, en la Bolsa de Productos Básicos de Dalian, la harina de soja es el alimento con el que más se negocia en los contratos de futuros de productos agrícolas.
Puede que China sea el país de origen de la soja, pero sus cosechas casi nunca se acercan a los 15 millones de toneladas. Resulta más costoso cultivar las cosechas que importarlas, por lo que la demanda se mantiene principalmente gracias a la prohibición de usar cultivos modificados genéticamente en los alimentos cotidianos.
Esta restricción no afecta a la soja que se utiliza en los piensos de animales y en el aceite para cocinar, que procede de cultivos extranjeros que cuentan con características propias de la bioingeniería como la resistencia a los pesticidas. Los líderes chinos han abierto la puerta a las importaciones de soja a pesar de sus políticas de autoabastecimiento en lo que respecta a los alimentos básicos.
ExportaciónComo consecuencia de esta situación, las compañías están creando unas redes de exportación de soja cada vez más extensas. En abril, Cargill, junto con el grupo chino New Hope y otro socio local abrieron una planta de trituración de soja con un valor de 100 millones de dólares en una ciudad portuaria cercana a Pekín.
En EEUU, United Grain ha invertido recientemente 80 millones de dólares para trasladar más soja y maíz a través de su terminal de exportación de harina que se encuentra en el río Columbia, en el Estado de Washington.
En Lansford (Dakota del Norte), la cooperativa de cereales CHS SunPrairie está construyendo una red de ferrocarril que permitirá a los trenes cargar las cosechas locales sin pasar por la costa del Pacífico.
Los agricultores estadounidenses son conscientes de la importancia del mercado chino.
Tras la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales del pasado noviembre, el periódico chino Global Times advirtió de que "se paralizarán las importaciones estadounidenses de soja y maíz" si la Administración cumple con sus amenazas sobre los aranceles.
De momento, las relaciones entre Washington y Pekín han sido más fluidas de lo que se esperaba, pero, en cualquier caso, los directivos de esta industria a ambos lados del Pacífico no parecen estar preocupados.
Sin embargo, los agricultores estadounidenses han perdido cuota de mercado frente a América del Sur.
En opinión del representante del sector agrícola de EEUU en Pekín, el año pasado, Brasil suministró más de la mitad de la importaciones chinas de soja, EEUU el 35% y Argentina el 10%.
Conab, la agencia brasileña de estadística agrícola, afirma que la cosecha local de este año ha sido un éxito y ha alcanzado los 114 millones de toneladas.
Los cultivos de soja han modificado la sabana de Sorriso, una ciudad del Estado de Mato Grosso (Brasil) cuya población ha aumentado de los 17.000 a los 83.000 ciudadanos en 25 años. "La soja es el buque insignia, el motor de Sorriso. Nuestros agricultores son los verdaderos héroes nacionales", afirma Ari Lafin, alcalde de la ciudad brasileña.
Según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística, en Sorriso, los ingresos por habitante se duplicaron desde los 27.569 reales brasileños en 2010 hasta los 57.087 reales brasileños del año pasado.
En la cosecha de 2017, Sorriso se ha convertido en el principal productor de soja de Brasil con los 2,23 millones de toneladas que se han recogido. "Nuestro principal mercado es China", declara Rodrigo Pozzobon, delegado local de Aprosoja, una cooperativa de soja en Sorriso.
Según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, en las próximas décadas, los cultivos de soja se extenderán de forma espectacular por Brasil y Argentina, incluso en los terrenos baldíos.
Esta situación está provocando inquietud en el Cerrado, la sabana de Brasil en la que se están plantando nuevos cultivos.
A pesar de que la "moratoria de la soja" que acordaron la industria y el Gobierno protegió al Amazonas de la deforestación, el pacto no afecta al Cerrado.
Los ecologistas han exigido a Brasil que amplíe la moratoria hasta abarcar el Cerrado y han presionado a las empresas internacionales como Bunge y Cargill para que no compren soja de cultivos que se encuentran en zonas protegidas.
Bunge y Cargill han respaldado la moratoria y prometen eliminar las áreas de deforestación de su cadena de proveedores. No obstante, las compañías opinan que el ecosistema del Cerrado es distinto al del Amazonas. Las empresas, los agricultores y las ONG se plantean dónde están los límites de los cultivos de soja.
Últimamente, los precios de la soja se han situado por debajo de las elevadas cifras de los últimos años gracias a las buenas cosechas de América del Norte y del Sur. No obstante, esto no ha impedido que se continúe cultivando.
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