Servicio 'post mortem' para matanzas de ovejas
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En: elmundo.es, Digital - 17/04/2017
16/04/2017 11:34 Cada oveja muerta puede costar a su propietario entre 30 y 100 euros. Y un solo perro se basta para acabar con una docena de una tacada. Los ataques de perros a rebaños se cuentan por cientos al año; no hay ninguna cuantificación oficial, ni de los casos ni de las pérdidas económicas. Tampoco suele haber resarcimiento para el pastor ni actuación contra los perros agresores. Hasta ahora. Lo que ha sido siempre una situación de desamparo total para los ganaderos está a punto de cambiar, con la entrada en vigor ayer mismo de un nuevo protocolo de actuaciones ante episodios de estas características.
El nuevo protocolo diseñado por el Servicio de Ganadería de la Conselleria de Medio Ambiente, Agricultura y Pesca, implica a la central de emergencias del 112 y a los propios ayuntamientos a fin de disponer soluciones para un problema que los ganaderos de Mallorca llevan años resignándose a tener que soportar sin que ninguna administración quisiera involucrarse.
Así, el papel esencial debe correr a cargo de los consistorios, cuyo personal será el encargado de dar captura a los animales agresores si procede y localizar a sus propietarios (contrariamente a lo que se suele creer, la mayoría de ataques no están protagonizados por perros abandonados y asilvestrados).
También será responsabilidad municipal incoar el expediente sancionador correspondiente al dueño y decidir el destino de los perros, los cuales, en cualquier caso, deberán ser incluidos en el registro de animales potencialmente peligrosos.
Asimismo, el Servicio de Ganadería del Govern colaborará con los ayuntamientos en la identificación de los propietarios de aquellos perros que no cuenten con el chip identificador. Por otro lado, los técnicos autonómicos asesorarán al ganadero sobre una gestión adecuada de los cadáveres y de las subvenciones que ofrece el Fondo de Garantía Agraria ypesquera de Baleares (FOGAIBA) de cara a la contratación de un seguro de explotación ganadero que cubra este tipo de riesgos.
Por lo que respecta a la central de emergencias del 112, será la responsable de coordinar las acciones de unos y otros una vez reciba el aviso del ganadero. Los ayuntamientos facilitarán al 112 un teléfono de contacto para la gestión de estas emergencias, en la que también participará el Centro de Protección de Animales Domésticos (CEPAD).
Así, todos los municipios de Mallorca han participado en la elaboración de un listado de contactos para sucesos de esta tipología. Consecuentemente, se hará un seguimiento del cumplimiento del protocolo y se elaborarán informes sobre los casos de ataques a rebaños.
La implicación de las administraciones públicas en este tipo de sucesos -especialmente de los ayuntamientos- ha sido algo largamente demandado desde las propias explotaciones afectadas y también desde entidades como la Agrupación de Defensa del Campo Mallorquín o el Colegio de Veterinarios de Baleares. Según su propia experiencia, la cuantificación de los ataques resultaba del todo imposible hasta ahora, máxime cuando muchas veces el propio ganadero damnificado desistía de dar parte a nadie. Solo en la zona de Inca y municipios de los alrededores, explican desde estas entidades, se recibían unos 50 avisos al año para tratar a ovejas heridas, lo que da una ligera idea de a lo que debe ascender el total anual en toda la Isla.
En la mayoría de los casos era imposible para los ganaderos dar con los dueños de los perros, de manera que lo más frecuente, hasta ahora, era que se quedaran sin cobrar un solo euro de compensación y el perro libre para volver a la carga otro día.
Cabe destacar además que la muerte de las ovejas no puede ser rentabilizada en ningún caso por el ganadero, ya que todos los cadáveres tienen que ser incinerados.
Entre las reivindicaciones vinculadas al problema en los últimos años se cuenta la de intensificar el control a los perros abandonados, a fin de poder localizar a sus dueños.
En cualquier caso, los canes agresores tanto pueden ser abandonados o simplemente descuidados por sus dueños (lo más común) y ni siquiera es necesario que se trate de perros de gran tamaño o de naturaleza violenta: cualquier perro, por pequeño y/o pacífico que sea, es susceptible de cometer estos ataques y de aficionarse a ello, como producto de su herencia genética, una vez ha probado la sangre.
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