Vino... ¿polaco? ¡Pues sí!
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En: elmundo.es, Digital - 23/06/2017
Polonia no es un país, al contrario que otros de su entorno como Bulgaria o Rumanía, ligado al vino, aunque cuenta con una historia muy similar a la de otros países de Europa Central con una expansión, eso sí muy limitada, propiciada por monjes benedictinos y cistercienses y ligado a las prácticas litúrgicas. Sin embargo, al socaire de los nuevos tiempos, y pese a un clima difícil, el cultivo de la vid ha dado el salto de los jardines de las casas a las bodegas comerciales de forma muy modesta. La vitivinicultura polaca se extiende por todo el país, pero las cifras oficiales hablan de 103 productores, aunque sólo una docena de ellos con presencia en el mercado, un área cercana a las 200 hectáreas, con ligero predominio (53%-47%) del vino blanco sobre el tinto, y una producción aproximada de 700.000 botellas.
El renacimiento de la vitivinicultura en Polonia, según un artículo del periodista Wojciech Gogolinski, uno de los grandes especialistas del sector en el país, se produce en los años 80 gracias a Roman Mysliwiec, conocido en la prensa como 'el Dionisos Polaco'. Mysliwiec fundó la primera bodega moderna en Jaslo, en el sureste del país, e introdujo los primeros plantones de vid para la elaboración de uva de mesa desde Ucrania, Hungría, Checoslovaquia y finalmente Alemania. Fundó el primer centro de enseñanza para enólogos, propició un movimiento favorable al vino y su cultura, publicó numerosos libros, enseñó el cultivo de la vid, organizó concursos internacionales y creó la hibridación de la primera variedad de uva polaca, conocida como ' jutrzenka' o aurora.
El vino está de moda y muchos polacos lo elaboran en casa de manera artesanal para su propio consumo, existe un mercado negro de vino a granel comprado en el extranjero que escapa al fisco y varios importadores que adquieren vinos de todo el mundo para satisfacer las necesidades de un país cuyo consumo se sitúa cerca de los cuatro litros por persona y año, frente a los 98 litros de cerveza que consumen como media anual.
La mayoría de las viñas polacas, con alguna excepción de las que se prodigan en las casas para autoabastecerse, son muy jóvenes, casi todas con menos de diez años y tantas castas, entre vitis vinífera e híbridos importados, que sería casi imposible enumerarlas todas. Domina en blancas, como en buena parte del centro de Europa, la riesling, a la que acompañan chardonnay, pinot blanc, pinot gris, gewürztraminer y las híbridas solaris (cruce de riesling y pinot gris con zarya severa y moscatel ottonel), hibernal (cruce de seibel y riesling), seyval blanc (cruce de seibel y rayon d'or) y johanniter (cruce de riesling, seibel, pinot gris y gutedel). Y en tintas, pinot noir, merlot, cabernet sauvignon y las híbridas régent (cruce de la blanca diana procedente a su vez de la hibridación de sylvaner y müller thurgau y la tinta chambourcin procedente de la seibel), zweigelt (cruce de blaufränkisch, la pinot noir del Este, y sankt-laurent) y rondo (cruce de zarya severa y sankt-laurent).
La mayor parte del viñedo polaco se localiza en el sur y el oeste del país, en provincias como Malopolska, Podkarpacie, Slask y Lubuskie, que se benefician de temperaturas más cálidas y cuentan con más horas de insolación, pero sin olvidar el norte donde se ubica la bodega Turnau en Baniewice, una de las mejores del país, con 27 hectáreas de viñedo plantadas y excelentes vinos de riesling en 2016, en la mejor línea de los buenos vinos centroeuropeos, y el rondo-regent 2015, una explosión de fruta.
Los Turnau son una familia ligada a la agricultura por sus ancestros y decidieron, por iniciativa de Zbigniew y sus primos lanzarse, junto al especialista en vitivinicultura Tomasz Kasicki, lanzarse a la aventura del viñedo con la contratación de Frank Faust, un reputado enólogo formado en Alemania.
Muy cerca de Cracovia se sitúa Srebrna Góra, establecida en 2009 en unas lomas que circundan el monasterio de Bielany y con extensión hasta la localidad de Przegorzaly en el frondoso bosque de Wolski. Desde 2011, la dirección técnica corre a cargo de Agnieszka Rousseau, una de las enólogas polacas más reputadas; mientras el campo lo atiende el ingeniero agrónomo Damian Malek.
La propiedad se extiende sobre un total de 28 hectáreas divididas en tres grandes parcelas, una de ellas ubicada sobre el cráter de un antiguo volcán. Otra, tan importante como la anterior, se extiende por las laderas del monasterio de los monjes camaldulenses, adscritos a la orden benedictina con tradición eremita, en un paisaje de ensueño que va a parar cerca de las orillas del río Vístula, en una atmósfera de misticismo que, según sus mentores, se transmite al vino. La elaboración sigue las pautas de la universidad alemana de Geisenheim. Su objetivo es producir alrededor de 150.000 botella anuales, aunque en estos momentos se encuentran a la mitad de esa cifra. Las uvas plantadas son chardonnay, riesling, gewürztraminer, zweigelt, siegerrebe, pinot gris y pinot noir y las híbridas regent, rondo, johaniter, solaris, seyval blanc y cabernet cortis (cruce de cabernet sauvignon y solaris).
Adoria es el proyecto personal del profesor californiano Mike Whitney y está ubicado en el suroeste del país, concretamente en la ciudad de Zachowice, una de las áreas mejor ubicadas para el cultivo del viñedo en el país y con un paisaje donde abundan los bosques, las tierras fértiles bañadas por el río Oder, la alta pluviometría y las temperaturas moderadas. Los viñedos se extienden sobre una modesta bodega que produce vinos de chardonnay, pinot noir y riesling, entre ellos un interesante espumoso.
Una de las personas que más han contribuido a incrementar la cultura y el conocimiento del vino en el país es Pawel Gariorek, hombre de negocios, importador de grandes vinos de todo el mundo y copropietario del hotel Dwor Sierakow, un palacete que data del siglo XV, aunque con una reforma importante en el siglo XVIII y que fue adquirido por el actual propietario y su mujer en 2005. Ubicado a unos 20 kilómetros de Cracovia, en el medio de un bosque, el Dwor es un complejo enoturístico que alberga un importante restaurante con referencias vinícolas de todo el mundo, un spa con productos derivados del vino y un importante club de vinos (domwina). Todo un lujo para los sentidos.
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